De 12 partidos con Alfaro, Paraguay mantuvo el arco en cero en 7 juegos.
Bajo la dirección del entrenador Gustavo Alfaro, la selección de Paraguay basó su camino en la clasificación al Mundial de 2026 en la recuperación de su identidad futbolística. Tras diagnosticar una pérdida de rumbo en los procesos anteriores, el cuerpo técnico priorizó reconstruir el equipo desde la solidez defensiva y la disciplina táctica, para luego incorporar recursos tradicionales del fútbol guaraní como la combatividad, los ataques por las bandas y el aprovechamiento de las jugadas a balón parado.
Alfaro asumió el mando de la Albirroja, el diagnóstico era claro para cualquiera que hubiera seguido de cerca las recientes eliminatorias sudamericanas. La selección, que históricamente fue temida por su solidez inquebrantable y su espíritu combativo, parecía haber perdido la brújula al intentar adoptar estilos que no encajaban con su naturaleza. El entrenador argentino notó esta desconexión y se puso a trabajar en ello.
"Yo sentía que en algún momento Paraguay se había alejado de su esencia, había variado", afirmó el entrenador durante una rueda de prensa el 14 de octubre de 2024.
Ante este panorama, la misión principal no pasaba por inventar una filosofía o copiar la identidad de otra nación, sino por hacer un viaje retrospectivo. Alfaro entendió que la reconstrucción estructural y anímica debía cimentarse sobre las bases tradicionales del fútbol guaraní.
No obstante, las intenciones no podían quedarse atrapadas en la teoría de una sala de conferencias. Estas debían trasladarse al campo de juego y asimilarse en la mente de los futbolistas. La tarea requería un compromiso mutuo donde el plantel se convenciera de su propia fortaleza, forjando nuevamente ese carácter inexpugnable.
“Nos pusimos de acuerdo con los jugadores en los rasgos que nos tenían que definir", aseguró el director técnico al declarar en una conferencia de prensa el 23 de marzo de 2025.
El plan de acción de Alfaro se fue ejecutando por etapas. En sus primeros compromisos, la urgencia pasaba por transformar al equipo en un bloque rocoso. El técnico priorizó armar un conjunto aguerrido que volviera a ser un dolor de cabeza para cualquier rival en Sudamérica, priorizando el esfuerzo innegociable y la disciplina.
"Apostamos por la recuperación anímica a la combatividad... Al hecho de ser un equipo sólido defensivamente, le agregamos orden", afirmó el seleccionador el 13 de noviembre de 2024 en una rueda de prensa.
Una vez estabilizada la defensa y restaurada la confianza del equipo, llegó el momento de dar el siguiente paso. Esa solidez defensiva debía complementarse con recursos ofensivos. Los jugadores y el cuerpo técnico no buscaron lo ajeno, sino que retomaron las vías de ataque que tradicionalmente le dieron alegrías a Paraguay.
"Había que agregarle juego al orden y la garra... Debíamos recuperar los rasgos que siempre caracterizaron al fútbol guaraní. Los ataques por las bandas, abrir la cancha, cruzar la pelota… Esas fueron las otras cosas que el equipo incorporó", explicó Alfaro al comparecer ante los medios el 13 de noviembre de 2024.
Si quieres profundizar en la identidad y perfil del futbolista paraguayo, puedes leer: ¿Cómo se estructura la formación de futbolistas en Paraguay?
En el exigente y largo camino de las eliminatorias sudamericanas, el técnico argentino transmitió a sus dirigidos que resguardar la portería propia era el primer mandamiento de su libreto, basándose en la experiencia de sus procesos anteriores para concientizar al grupo sobre la vital importancia del trabajo sin pelota.
"Le dije a los jugadores: ‘muchachos, el arco en cero nos lleva a la Copa del Mundo. Entonces, para eso tenemos que trabajar el retroceso defensivo. El arco en cero es una necesidad", comentó Alfaro en una rueda de prensa el 5 de septiembre de 2024.
De los 12 partidos que disputó Paraguay bajo la dirección del argentino en la Clasificación al Mundial del 2026, ganó 6, empató 5 y perdió 1. Entre los 11 partidos que no fue derrotado, de los cuales 9 fueron en una racha invicta, no le anotaron gol en 7 juegos. Aunque, para Alfaro, priorizar el orden atrás no significa renunciar al ataque. Por el contrario, es el punto de partida para generar volumen ofensivo.
"Si quiero ser ofensivo, lo primero que debo trabajar es la disciplina de la defensa. Si no defiendo bien, no voy a recuperar la pelota", declaró el director técnico el 5 de septiembre de 2024 en una conferencia ante los medios de comunicación.
Una vez cimentada esa disciplina, el cuerpo técnico se enfocó en dar el siguiente paso para el plantel. No bastó con resistir y aguantar los embates rivales, la selección paraguaya debía articularse como un bloque sincronizado. Este crecimiento implicó conectar los engranajes a lo largo y ancho del campo, creando asociaciones que permitirían que el equipo actuara en diferentes fases del juego.
"Necesitamos generar sociedades como los desplazamientos de los volantes, que estos sean en conjunto con los desplazamientos de los laterales y extremos, tanto en función del ataque como en función de la defensa", expresó el entrenador al hablar ante la prensa el 13 de noviembre de 2024.
Argentina, Chile y Colombia fueron las tres selecciones que, durante los 12 partidos que Paraguay compitió con Alfaro como entrenador, sufrieron goles de pelota parada.
La Albirroja ganó dos de esos tres partidos y el restante lo empató. Diego Gómez fue el lanzador en dos ocasiones y Junior Alonso siempre fue una referencia para prolongar o rematar en el segundo poste.









La presión alta para recuperar cerca del arco rival y los desdobles para centrar al área también han sido características muy mercadas de la selección paraguaya de Alfaro. En varios partidos se notaron estos aspectos e influyeron en el marcador.
Como vemos, Alfaro priorizó distintos elementos en todas las fases del juego. Sostener el arco invicto con una defensa atenta y resiliente. Usar la pelota parada como un recurso ofensivo. Ser agresivo al atacar directo, pero también al presionar para forzar errores. Aunque lo más importante es que, los futbolistas paraguayos y el cuerpo técnico, recuperaron el ADN del fútbol guaraní para potenciar su idea de juego y el estilo de cada jugador.