El Elche de Martín Anselmi registró cuatro partidos de forma invicta en LaLiga.
Entre el 18 de septiembre y el 24 de octubre, el Elche disputó cuatro partidos de LaLiga, ganando dos (1-3 vs. Espanyol y 0-3 vs. Rayo Vallecano) y empatando los otros dos (0-0 vs. Villarreal y 0-0 vs. Celta). Más allá del botín de puntos, esta racha mostró la seña de identidad que su entrenador, Martín Anselmi, busca consolidar.
En el fútbol es habitual escuchar a los entrenadores hablar de "poseer la iniciativa", "mantener la posesión" o "presionar alto". Sin embargo, Anselmi recalcó en las ruedas de prensa posteriores a los partidos algo importante para su equipo: "Ser un equipo inteligente es adaptarte a los momentos que te va pidiendo el juego".
Para comprender qué significa esta definición en la práctica, abordaremos lo que, en palabras del entrenador, hizo el Elche para quedar invicto en sus últimos cuatro partidos.
Antes de visitar al Rayo Vallecano, el cuerpo técnico del Elche identificó que su rival basaba su peligro en la velocidad vertical de jugadores como Álvaro García y Jorge de Frutos. Asimismo, aprovechaba los movimientos de Sergio Camello al descender para arrastrar centrales y generar espacios a sus espaldas.
Frente a esa amenaza, la consigna fue cerrar los pasillos internos y controlar la profundidad. El Elche se mantuvo agrupado, evitó saltar a destiempo en la presión y esperó el momento preciso para castigar en la transición ofensiva al atacar directo.
Anselmi, tras el 0-3, valoró la importancia del análisis previo: "Insistimos sobre lo mismo, de ser un equipo inteligente. Hay que entender los momentos que te pide, no solo el partido durante el partido, sino también en la previa".
También hubo un compromiso defensivo importante por parte de los atacantes. Por ejemplo, extremos como Lucas Cepeda, realizando coberturas como carrilero, o Facundo Buonanotte, trabajando en el doble pivote.
Para Anselmi, este compromiso individual es indispensable: "Ser parte de un equipo es hacer a veces lo que no te gusta por el bien del mismo".


Ser un equipo inteligente también implica reconocer cuándo el plan inicial no está funcionando y corregir a tiempo antes de que el rival penalice.
Frente al Villarreal, el Elche saltó al campo intentando presionar arriba y emparejando hombre a hombre en los saques de meta (con esquemas 4-4-2 o 4-2-4). Sin embargo, la jerarquía técnica del Villarreal le permitió superar esa primera línea, girar con espacio y generar situaciones de peligro a la espalda de los mediocampistas.
Anselmi explicó que reestructuró al equipo en el descanso. Para el segundo tiempo, el Elche se replegó en un bloque bajo con un sistema 5-4-1 que, por momentos, se transformó en un 6-3-1 con Cepeda persiguiendo al lateral contrario.
"Decidimos que Lucas juegue contra el lateral izquierdo en un 5-4-1 y terminaba siendo un 6-3-1 porque perseguía al lateral. Eso ayudó a neutralizar su ataque", detalló el argentino.

Un test para medir la madurez de un equipo ocurre cuando los imponderables rompen la planificación en los primeros minutos. Ante el Espanyol, la expulsión de Federico Redondo a los cinco minutos dejó al Elche en inferioridad numérica durante 85 minutos.
Ante la emergencia, el equipo no cayó en la precipitación ni en el repliegue desordenado. Jugadores como Javi Morcillo asumieron roles híbridos, iniciando como mediocentros y pasando a estar entre los centrales para armar la línea de tres. La coordinación defensiva, incluyendo basculaciones, achiques y el fuera de juego, fueron importantes para enfrentar este contexto de partido.
Anselmi reflexionó al respecto: "En la semana dije que quiero que el Elche sea un equipo inteligente. Ser inteligente y competitivo es adaptarte a las circunstancias de lo que está pidiendo el juego. Hoy tuvimos que adaptarnos totalmente".
