Se considera al jugador como sistema humano abierto en el método estructurado.
Estructurar una metodología de entrenamiento es un proceso complejo que marca el desarrollo formativo de los jóvenes de un club. En este artículo, se exponen los pasos indispensables para cimentar dicha estructura en el ámbito profesional.
Los conceptos expuestos a continuación se basan en el modelo del SK Brann de Noruega y fueron presentados en un webinar de La Pizarra del DT, cuyo ponente fue el director del Área de Metodología del club, Adolfo Rodríguez Duarte. Entendiendo que cada institución es un mundo, esta hoja de ruta demuestra cómo se debe organizar un departamento metodológico desde sus cimientos.
Antes de rodar el balón, es indispensable saber exactamente dónde estamos parados. Un club no es un ente aislado, sino que respira el aire de su entorno. Tomando como base lo realizado por el SK Brann, al iniciar un desarrollo metodológico se deben seguir cuatro pasos claves para el análisis del contexto:
Un club debe saber a qué juega, tanto dentro como fuera de la cancha. Esta identidad se sostiene en tres fundamentos inquebrantables: el modelo de juego, los valores y la humanización del proceso, entendiendo que todos los integrantes del club son personas antes que futbolistas o entrenadores.
Deportivamente, esta identidad contempla escenarios precisos. Por ejemplo, con el balón, se puede priorizar la construcción desde zonas bajas, ocupando el área rival y asumiendo un alto riesgo antes de perder la pelota. Sin el balón, el modelo puede exigir proactividad: presionar alto y defender lejos de su propio arco, obligando al rival a reaccionar constantemente a lo que el equipo propone.
El sostén del proyecto se divide en cuestionar y definir el papel de cinco elementos principales:
Para el jugador, es fundamental entenderlo como un sistema humano abierto, compuesto por múltiples estructuras: bioenergética, mental, cognitiva, emocional-volitiva, socio-afectiva, condicional, coordinativa y creativa.
Bajo este prisma, el SK Brann estableció un principio fundamental en su metodología: "El mejor manual de entrenamiento son los jugadores y el equipo". Es un proceso abierto e impredecible que obliga al cuerpo técnico a descubrir a diario lo que demanda el grupo, huyendo de las recetas cerradas.
Para que la metodología se ejecute con éxito, se requieren técnicos con un perfil específico. En el caso del SK Brann, se busca un bajo intervencionismo, fomentando la autonomía del jugador. En otras palabras, un buen entrenador es aquel que molesta poco. Su labor fundamental es despertar la posibilidad en sus dirigidos, logrando que los futbolistas tengan motivación y entusiasmo.
Un pilar innegociable para el club noriego es que sean expertos en comunicación. Esto implica dar instrucciones cortas y claras, mantener coherencia entre las palabras y el lenguaje corporal. A nivel discursivo, se erradica la pregunta "¿entendieron?" para sustituirla por un empático "¿me expliqué bien?". Todo esto se rige por una máxima de la metodología: "el fútbol se siente más de lo que se piensa".
El tipo de liderazgo marcará el ambiente en el vestuario. Para el SK Brann, quedó atrás el liderazgo estrictamente vertical donde el entrenador mandaba y el jugador obedecía sin chistar. La metodología actual exige un liderazgo circular: el técnico debe saber cuándo ser jerárquico para dar una orden innegociable y cuándo ser horizontal para consultar e involucrar a los jugadores en las soluciones.
El líder se asienta en valores elegidos democráticamente, como la confianza, el respeto, la curiosidad, el amor y una generosidad absoluta, entendida como la capacidad de dar todo de sí para hacer que los que lo rodean luzcan extraordinarios. A esto se suman habilidades esenciales: adaptabilidad, manejo de conflictos, vulnerabilidad y ponerse al servicio de los demás.
El trabajo moderno es un esfuerzo coral donde se busca evitar a toda costa la presencia de técnicos pasivos o inactivos sobre el césped. La asignación de roles se organiza evaluando la experiencia, las potencialidades y las preferencias de cada miembro, asegurando así que cada entrenador asuma y se responsabilice de su función.
En el campo, la división es milimétrica: desde la ubicación física (quién interviene por dentro o por fuera, a lo ancho o a lo largo), hasta la distribución de roles opuestos. Por ejemplo, en una misma sesión se puede alternar el mensaje, designando a un entrenador para que mantenga una mirada crítica y a otro para que refuerce una visión positiva, variando constantemente los tonos de voz para mantener la atención del jugador.
El departamento de metodología es el motor de mejora del club y debe facilitar herramientas para que los técnicos crezcan. El plan de acción incluye:
Es importante aclarar que este artículo no hace afirmaciones de verdades absolutas, sino que es un resumen de la estructura de un club profesional. A partir de los conceptos expuestos y las particularidades de la institución, otros clubes pueden tomar referencias para adaptarlas a sus necesidades.
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