Santiago Múñoz, del Mundial Sub-17 a La Laguna

Muñoz ayudó a los de Torreón a cumplir con creces el rango de tiempo que cada...

May 23, 2021

Guillermo Almada cumple con el viejo axioma de este deporte de que “los equipos se arman de atrás hacia delante”. El triángulo entre Carlos Acevedo, Félix Torres y Matheus Doria es innegociable para el técnico uruguayo que con un dibujo sin demasiadas variantes durante sus partidos sabe que protegerse de centros es clave. Estos dos centrales, sobre todo Doria, se cansan de despejar y envíos laterales, cuando no son remates hacia Acevedo, que con su cabellera hace ver aún más espectacular sus estiradas. A partir de ahí puede haber rotación. Omar Campos puede completar la línea defensiva por fuera junto a Orrantía o Isijara. Mientras que Diego Valdés, Fernando Gorriarán, Alan Cervantes, Ayrton Preciado y Juan Otero son los referentes de Almada en La Laguna. Fiel a su 4-4-2 como dibujo defensivo, el modelo de juego se mantiene y los jugadores varían según el plan de partido y el rival.

Y en ese ambiente de equipo difícil de visitar en su cancha y que se ha encargado de animar los últimos torneos de la Liga MX llega Santiago Muñoz, un delantero que usa medias bajas, como Jack Grealish. Y esta no es la única semejanza que comparte con el habilidoso canterano del Aston Villa. Esos recorridos interiores hacia el área con un técnica de conducción fina para controlar, girarse si no está perfilado, maniobrar el balón lo más en corto posible son el signo de que merece sentarse a verle y hasta dedicarle unas líneas.

Muñoz ayudó a los de Torreón a cumplir con creces el rango de tiempo que cada miembro de la Liga MX debe darle a sus fuerzas básicas con el primer equipo, aunque Campos también potenció el registro. Lo curioso es que Muñoz pudo demostrar sinergias positivas con varios miembros de la plantilla. Aunque era un trámite darle ingreso, demostró ser sostenible para el cuerpo técnico.

La primera novedad es que hizo gala de su saltabilidad y lectura para anticipos ofensivos en los saques de Acevedo. Hay arqueros que prefieren un 9 que intercepte sus despejes orientados porque aseguran que la jugada que iniciaron progrese. Muñoz cae a la mitad de la cancha tanto por envíos desde el área como los pases profundos de Doria, que tranquilamente puede hacer el rol de “playmaker” de los guerreros por todos los ataques posicionales que inicia.

Aunque gana varios de sus duelos por pensar más rápido el desenlace de la jugada que por fuerza o velocidad. Su físico puede ganar volumen porque apenas cumple 19 años y con un trabajo de gimnasio puede darle valor a sus cargas lícitas o cuerpeos. A nivel de estatura sí tiene un asterisco, sus 177 centímetros no le imposibilitan un camino hacia Europa, pero este solo lo transitan desde México los que destacan de sobremanera.

Otro beneficiario de su juego es Juan Otero. El colombiano tiene como jugada referencia sus diagonales interiores hacia el arco rival. Un movimiento parecido al que hace Lionel Messi con el agravante de que el ex Colombia Sub-20 no es zurdo. Muñoz sabe que Otero en situaciones de 1 vs. 1 saca lo mejor de su juego, por eso intenta ir hacia afuera para abrir la defensa rival y dejarle ese pasillo interior, algo que también hace con Ayrton Preciado por la otra banda en menor medida.

Como finalizador y como fijador son quizá sus dos mejores contextos. Al compartir tren ofensivo con compañeros tan heterogéneos en cuanto a funciones, en la simbiosis Otero-Muñoz-Aguirre, tiene mucho que dar y recibir. Santos, por sistema, termina aprovechando mucho sus transiciones ofensivas. Y cabe destacar su capacidad para detectar el momento justo de detener la circulación pisando el balón y darle tiempo al abierto que termine de romper al espacio. Ese espacio de tiempo se gana con tiempo jugando a este deporte y Muñoz solo tiene 18 años. No es siempre titular, pero deja intervenciones muy a tener en cuenta para su edad.

En esas mismas transiciones ha demostrado que de los jugadores ofensivos es el que menos criterio tiene a la hora de caer a banda. Esa falta de funcionalidad le ha restado minutos y seguramente la titularidad. Al final, Diego Valdés funge como 10 detrás del Aguirre y de extremo no tiene cualidades para ganar minutos. De modo que cualitativamente esa limitación le deja relegado. Y es curioso que al ser un delantero relativamente ligero, no termine de exhibirse en duelos ni rompimientos. Ese aspecto y las horas pendientes en el gimnasio son los grandes aspectos a mejorar que tiene el promisorio talento lagunero.

Santiago Múñoz, del Mundial Sub-17 a La Laguna

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