RB Salzburg: presión alta como plataforma de lanzamiento de un ataque

Los niños siempre quieren ser delanteros. Convertir goles, eludir rivales, ataca

April 24, 2020

Los niños siempre quieren ser delanteros. Convertir goles, eludir rivales, atacar. No hay nada más natural en la mente del jugador de fútbol que la predominancia del pensamiento ofensivo, pues este significa directamente tener el balón. Y el estímulo de la posesión es, entre todos los elementos básicos, el más satisfactorio. A partir de allí, al futbolista le resulta más fácil comprender patrones ofensivos e interactuar en ellos porque, básicamente, estos los hacen sentir bien. O al menos mejor en comparación a la sensación de defender posicionalmente.

Defender “cansa” considerablemente más que atacar porque no se tiene el balón. La mente no se enfoca en crear ni se ve estimulada por la posesión, sino que está concentrada en evitar y no encuentra un elemento en el que apoyarse para reducir el impacto que está teniendo el esfuerzo físico que se ejecuta.

Sin embargo, atacar y defender no son dos situaciones demasiado distintas después de todo. No hablamos de blancos y negros, sino de distintas escalas de grises; se puede atacar defendiendo y se puede defender atacando. Si bien la separación del fútbol en cuatro (4) grandes fases es sumamente útil al analizar y trabajar tareas específicas/complejas, el cambio entre fases del juego no siempre está precedida de una pausa o reinicio. Es decir, existen conectivos, grises, fases intermedias (que no son, precisamente, transiciones) o como se les quiera llamar. El fútbol es un “todo” que trasciende las etiquetas.

El Red Bull Salzburg de Jesse Marsch es uno de los equipos de la actualidad que mejor utiliza un mecanismo defensivo para atacar. Específicamente, el uso de la presión alta como plataforma de lanzamiento de un ataque. Porque no se trata de una presión alta común, pese a mantener los mismos objetivos primarios, sino de un ataque sin balón.

El conjunto de Marsch forma parte de la ‘filosofía Red Bull’. A partir de allí, su modelo de juego presenta insignias como la verticalidad, la constante activación de espacios por lanzamientos largos, la presión alta, la intensidad, entre otros. E incluso todo lo antes descrito se puede notar en cortos fragmentos de tiempo de forma cronológica.

Partiendo de una estructura base 4-4-2 (con múltiples variaciones a 4-2-2-2), cada ataque se ejecuta bajo la consideración de que, muy probablemente, exista una pérdida (que más abajo se explicará por qué) y dicha pérdida esté “controlada”. Forma parte de los planes. Porque, comúnmente, el equipo (Salzburg) busca progresar a través del carril central o mediante balones largos a los espacios (para los que presenta muy buenos lanzadores, como Junuzovic, Wober y, en menor medida, Mwepu, y atacantes rápidos e inteligentes para activar espacios, como Hwang y/o Daka) con los que aprovechan para adelantar líneas. De esta forma, como se ve frecuentemente en sus partidos, cuando el pase no es completado, generalmente suelen presentar algún tipo de superioridad (numérica o posicional) para ganar la segunda jugada o, en su defecto, ahogar al poseedor y sus posibles receptores más cercanos. Y allí, una vez recuperada la posesión (pero en zona 3 o 4), ya tendrán piezas acumuladas en espacios reducidos para asociar, defensas con buena capacidad asociativa en la mitad del campo y el mayor estímulo posible para disminuir el impacto del esfuerzo realizado: el balón.

A partir de allí, su ‘plan A’ de progresiones rápidas/largas, por dentro y muy verticales, se ve potenciado por su ‘plan B’, recuperando segundos balones, acumulando piezas en espacios reducidos y logrando generar volumen de juego. Hay una armonía entre fases. Y sí, muchos de estos son los objetivos de equipos que, debido a la carencia de recursos para construir ataques, deciden replegar y buscan avanzar mediante contraataques. Pero ese no es el caso del Salzburg, pues no presentan carencias al construir en múltiples escenarios ni tienen el perfil de piezas que esos equipos suelen tener (como el típico ‘9’ alto y robusto para pelear duelos aéreos). Se trata de potenciar el ADN ofensivo dentro de cada jugador y dominar una situación “adversa” para atacar, o no dejar de hacerlo.

Porque la presión alta también es de lo más natural del fútbol. Los niños, aquellos que quieren ser delanteros, presionan alto sin saberlo; todos buscan el balón de forma natural. Es lo normal, digamos. Y con esto, se pretende dar a entender, que aquello que ejecuta el RB Salzburg (y establece la Filosofía Red Bull), no está demasiado alejado de la naturalidad del juego. Y para el esfuerzo físico que demanda, difícilmente podría estarlo. De esta manera, logran ser un equipo intenso. Porque en muchos de los escenarios en los que el equipo pierde el balón, mentalmente, no ha dejado de atacar; siguen estando en el contexto fabricado bajo un comportamiento natural. El estímulo (balón) sigue allí; es –casi– suyo. Por ello, incluso este tipo de propuestas resultan más divertidas o digeribles que el resto. Nos sentimos identificados, de una u otra forma.

Comentaba, por otro lado, Jürgen Klopp, en una entrevista concedida a RMC Sport el 26 de septiembre de 2018, que: “el ‘Gegenpressing’ es superior al mejor jugador del mundo en cuanto a crear ocasiones de gol. Te da la opción de tener la oportunidad de poseer el balón en una zona donde normalmente necesitas 5-6-7 pases para generar ocasiones. Si pierdes el balón allí (Zona 3-4) y lo vuelves a recuperar en muy pocos segundos, estarás generando ocasiones de gol inmediatamente” y dicha afirmación, a su vez, coincide una frase que dejó Jesse Marsch en un video hablando sobre la Filosofía Red Bull: “cuando ganamos la pelota, queremos anotar en 10 segundos o menos”.

Sin embargo, hasta este punto, solo se ha hablado de demandas y beneficios. Y también es prudente mencionar que el estímulo de la posesión no es una clave de videojuego; el desgaste igual existe e influye/condiciona. Menciona Klopp, entonces, que: “presionar requiere que todos los jugadores involucrados posean niveles adecuados de resistencia, movilidad y voluntad de presionar. Y es implacable: tan pronto como un jugador involucrado en la presión carece de una de estas cualidades, la cadena se rompe y el sistema falla (…) El Gegenpressing te castiga doble si te equivocas. La presión efectiva requiere tanta coordinación y comprensión de la posición de tus compañeros como cualquier otro tipo de defensa, pero es más fácil recuperarse de un error en un bloque bajo que recuperarse de un error en una presión tras pérdida”.

Allí, en el transcurso de los minutos, tal y como se hablaba en las situaciones de presión alta ante arqueros-líberos, cobra vital importancia la dirección de campo. En este caso, de Jesse Marsch. Y es donde el equipo presenta mayor margen de mejora esta temporada; uno de los problemas más recurrentes en los partidos vistos para la redacción de este artículo tiene que ver con la administración de ventajas. La relación riesgos-recompensas, generalmente a mediados del segundo tiempo, con el bloque notablemente desgastado.

Si un equipo supera este tipo de presión, en su mayoría debido a errores del rival (el equipo que presiona), se le abren un sinfín de puertas; espacios, posibilidades, oportunidades. Incluso se evidencian todo tipo de superioridades a 40 metros del arco. Entonces, ¿hasta qué punto, administrando una ventaja con el bloque desgastado, resulta favorable convocar este tipo de presión alta? La respuesta variará mucho dependiendo del qué y del quién. Pero está bastante claro que algunos priorizan la fluidez natural del juego.

RB Salzburg: presión alta como plataforma de lanzamiento de un ataque

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