Publicada el 5/04/2019

El partido sería en el que el papel se esperaba. No por el resultado sino por las características de ambos conjuntos. El punto de inflexión lo marcaría el flojo inicio de los estadounidenses en cuanto al ritmo de juego. Pareciera que se hubiesen preparado para un inicio de encuentro que jamás pasaría. Ese en el que su rival, pese a ser local,  iba a especular y ralentizar energías para atacar en momentos puntuales.

Su 4-1-4-1 inicial quedaba dividido entre en el tren ofensivo (la zaga y un volante) y el resto de jugadores ofensivos. Como el regreso ante la pérdida era tardío, Monterrey olería la sangre antes de derramarla y mordería primero.

Pero, a los 15 minutos, ya Monterrey ganaba dos por cero. La intensidad con la se desplegarían en las primeras transiciones, con un Dorlan Pabón en inferioridad numérica, pero no posicional, dejaría grogui a su rival. Ni siquiera con el 1-0 en contra tendría respuesta efectiva para contrarrestar los primeros embates rayados. En inglés se usa un término compuesto cuando un equipo, desde el juego, supera a otro: “outplayed”. Así estaba Sporting Kansas City.

El dilema sobre si protegerse ante una goleada inminente o arriesgar no existió en la mente de Peter Vermes. A partir de ahí, los de Kansas tomaron el control de la posesión, aunque en todo el primer tiempo no merecieron intervención alguna de Barovero. Por más que lograron llevar a cabo ese fútbol geométrico, iniciado por el ex Barcelona Fontás y orquestado por Ilie, en el que los rombos en cada costado ofrecen varias opciones de pase.

Una de las razones de la sostenibilidad del planteamiento defensivo regiomontano fueron los anticipos a la línea de pase de los miembros de la defensa. Stefan Medina uno de los mejores intérpretes de este concepto, con una agresividad y lectura de juego rival notable.

Ya en el complemento Monterrey apretó las tuercas. Con el tándem colombiano Pabón-Medina por la derecha le hicieron el 2 contra 1 al lateral Sinovic (desbordado también en la acción del gol de Avilés Hurtado), y de un centro Jesús Gallardo definió el 3-0. La visita controlaba el balón y los locales el marcador.

Aunque el juego de los de Vermes tenían volumen de juego acumulando efectivos desde Gerso por un costado hasta Crouzet por el otro, el primer remate al arco llegó apenas en el minuto 65, en una segunda jugada de un tiro de esquina.

La acción del penal sobre Hurtado fue desbordando la espalda de Zusi, el lateral diestro de los de la MLS. Habiendo generado tres goles por la banda de Zusi (de pobre partido en clave defensiva) y dos por la Sinovic, el 5-0 incluso le quedó corto a todo lo que generaron los mexicanos.

Los de Diego Alonso demostraron que, a menos de una gesta digna del Álamo, nadie podrá interponerse entre Monterrey y Tigres en la final de la Concachampions.