Publicada el 21/04/2020

Una tarde de mayo del 2009 en Madrid, específicamente en el Santiago Bernabéu, Pep Guardiola sería recordado por ganar de visitante 2-6 al Real Madrid, pero también por posicionar a Lionel Messi como falso “9”, llegando a confundir al mediocampo de Juande Ramos (Fernando Gago y Lass Diarra). Y seguramente a un Gabriel Heinze que estaba esperando combatir contra su compatriota, aquel que en la acción del 2-5 le termina atacando la espalda para marcar.

Ese Barcelona de la 2008-09 –el primer año de Guardiola– era puro rock and roll. Una temporada que quizás no fue la mejor de Pep en el conjunto catalán, pero se pudiese definir como aquella que no podrían repetir, tanto por lo dominante como por lo sorpresivo, a partir de esa idea que implantaría el técnico español desde el inicio: el juego de posición. Ese modelo de juego, que no era algo novedoso, pero para el contexto impactaría, llegaría a enamorar a muchos, entre ellos un futbolista del Real Madrid para la época, como Gabriel Heinze. "Me pone muy contento que triunfe, porque a esa gente, que es el camino que yo veo también el futbol, me gusta que le vaya bien. Me gusta escucharlo cuando habla (sobre Guardiola), yo lo escucho y aprendo mucho", comentaría el argentino en una rueda de prensa (2009).

El juego de posición se acercaría a la carrera futbolística de Gabriel Heinze, ya que Luis Enrique –quien había salido de La Masía (Barcelona “B”) rumbo a Italia– lo dirigiría en la Roma para la 2011-12. Y para el 2012, regresaría a Newell's Old Boys, donde coincidiría con un “revolucionario” Tata Martino, quien posiblemente es el primero (o uno de los primeros) en imponer el juego de posición en América después del boom del Barcelona de Guardiola.

Aunque, muchísimo antes, Heinze había vivido una experiencia en la selección argentina con Marcelo Bielsa (1998-2004), con quien aprendería ciertos detalles del juego de posición, pero sobre todo le marcaría aquella intensidad, dinámica y alto ritmo de juego, que también apreciaría en el Newell's Old Boys de Tata Martino.

Con esa intensidad, dinámica y alto ritmo de juego, Gabriel Heinze empezaría su camino como entrenador con Godoy Cruz. La idea sería empezar a construir cada jugada desde atrás, pero con más verticalidad que control. Esto también ocurriría en los primeros meses con Argentinos Juniors y Vélez, exigiéndole sobre todo a los interiores y a los carrileros.

Ese estilo de juego, marcado a partir de su etapa como futbolista por los técnicos que lo dirigieron, se empieza a definir con el transcurso de los partidos, activando la verticalidad para acciones que ocurren luego de un balón detenido adversario, después de algunas recuperaciones y también al generar espacios al fijar y atraer. Pero Gabriel Heinze le da prioridad, observándose sobre todo en sus etapas con Argentinos Juniors y Vélez, a dos detalles: control del balón y ocupación de los espacio.

El fútbol al final lo protagonizan los jugadores a partir de una idea, es decir, siendo un deporte dinámico, el sentido de cada jugada se va a ir trabajando según lo que demande el contexto. Precisamente por eso, no existe una distribución de espacios específica para cada futbolista, pero Heinze sí exige una ocupación de distintas alturas y pasillos que puede ir variando, llegando a recordar al técnico que enfrentó en aquella tarde de Madrid del 2009: Pep Guardiola. A partir de eso, el entrenador argentino busca potenciar individualmente a cada jugador, que entiendan el cómo interpretar para resolver en fase ofensiva, para así consolidar el trabajo colectivo.  

Así que, Gabriel Heinze pertenece a la escuela de técnicos sudamericanos que basan su guion en el juego de posición, dejándose en evidencia en esa idea de activar los cincos pasillos con futbolistas posicionados en distintas alturas para crear líneas de pase a partir de la amplitud, la búsqueda del hombre libre, las superioridades tanto numéricas como posicionales (generando triángulos) y la capacidad de “mirar lejos”.