Publicada el 11/03/2020

Boca Juniors arrancó un 2020 tocado por la eliminación de la Copa Libertadores 2019 ante River Plate, aunque con aires de esperanza ante el regreso de muchos ídolos al club, como la incorporación de Miguel Ángel Russo al banquillo del equipo y la de Juan Román Riquelme, pero como dirigente, convirtiéndose en el vicepresidente segundo del club.

En el ciclo de Gustavo Alfaro, el equipo xeneize se situaba –en fase defensiva– muy cerca de su arco (defensa posicional), por lo que no necesitaba de tanta velocidad en sus defensores, ya que difícilmente era sorprendido en una transición defensa-ataque por parte del rival, pero con Russo, se cambarían ideas y piezas en el armado defensivo.

Russo le dio forma a un equipo que se plantaría constantemente en el campo rival, pero –para eso– necesitaría defensores veloces que fueran capaces de cumplir en la transición ataque-defensa. Es por eso que Junior Alonso se convertiría en un jugador importante en el armado defensivo del conjunto argentino, ya que con sus constantes anticipos y su velocidad al retroceder logra que Boca no quede descompensado.

Miguel Ángel Russo se encargó de acomodar el equipo a su conveniencia. Ante las pocas incorporaciones en el mercado de fichajes (Pol Fernández y Carlos Zambrano), se dedicó a dar otra identidad al plantel mientras incluyó algunas piezas y descartó otras; así que, el director técnico argentino buscó un conjunto que manejara el control del juego a través de la tenencia de la pelota y que se situara unos metros más adelante en el campo de juego. Para esto era fundamental tener un arquero que dominara el juego con los pies y que le brindara una buena salida al equipo cuando el rival le aplicara una presión alta, lo que encajaba perfectamente a las cualidades de Andrada.

Ante la propuesta ofensiva que quería Russo, colocaría laterales mucho más ofensivos como Julio Buffarini y Frank Fabra, quienes –en la culminación de la Superliga– serían piezas fundamentales en el ataque xeneize, ya que se encargarían de darle amplitud a Boca en ataque posicional para así darle un espacio en el pasillo de adentro a los extremos.

Al proponer un juego más ofensivo, con las constantes subidas de sus laterales, el equipo necesitaría una pieza en el mediocampo que llevase el ritmo al atacar y que coordinara cuándo presionar y cuándo replegarse. Jorman Campuzano sería esa pieza que incluiría Russo, quien a diferencia de Marcone, aplicaría un juego más vertical, dándole una mayor fluidez en la circulación a Boca.

Por delante del colombiano, Russo decidió colocar a un futbolista que le diera fluidez en la circulación y creatividad ofensiva al equipo, pero que también colaborara en el transitar defensivo: Pol Fernández. No fue la pieza que más brilló en este armado, sin embargo fue un futbolista sumamente importante a la hora de complementar al colombiano en las distintas fases del juego.

Al querer situar al equipo unos metros más adelante en el campo de juego, el armado ofensivo sería el punto más fuerte. A diferencia del proceso anterior, donde Alfaro colocaba a Sebastián Villa metros más atrás para que colaborara en el retroceso del equipo, el colombiano esta vez se situaría en el campo como atacante y no tendría tantas responsabilidades a la hora de defender. Por el otro costado pasaría algo similar, Eduardo Salvio sería uno de los pilares fundamentales en el ataque del equipo.

Con Villa y Salvio trazando constantes diagonales hacia adentro para dejar las bandas a Fabra y Buffarini –respectivamente–, Boca sería un equipo que acumularía muchas piezas en ataque, lo que ocasionaría una presión alta tras perdida para lograr recuperar de manera rápida el esférico y, desde ahí, generar ocasiones de peligro.

En esta presión tras perdida sería fundamental la inclusión de Franco Soldano en el equipo titular. Su sacrificio en la presión haría liberar a Carlos Tévez de esta responsabilidad para lograr tenerlo más lucido en la definición de la jugada y, por ello, Ramon Ábila perdería terreno en el equipo titular.

Con Tévez y Ábila como delanteros, Boca no podría ejercer esa presión que Russo quería que su equipo le aplicara al rival. Soldano no seria ese “9” que es Wanchope, quien le brinda muchos goles al equipo, pero haría ese “trabajo sucio” y de sacrificio que le permitiría al conjunto xeneize cumplir objetivos dentro del campo.

Si bien Russo lleva poco tiempo al mando del equipo, está aplicando matices que hacen ver un cambio y una mejora en las distintas fases del juego, sobre todo con el balón, el cual era uno de los detalles más débiles con Alfaro. En el ciclo anterior, el punto más fuerte del mismo era defender sin la pelota.