Publicada el 9/03/2020

Pese a no ser un jugador constante dentro del a rotación de Peter Bosz (no jugaba un partido oficial desde el 21 de diciembre del año pasado contra el Hertha Berlín por la Bundesliga, donde tan solo ha disputado siete partidos), Paulinho firmó, el fin de semana contra el Eintracht Frankfurt, su mejor partido en el fútbol europeo, en cuanto a números se refiere, en el que también fue su primer encuentro como titular en la Primera División alemana con el Bayer Leverkusen, que está mejorando con el pasar de las jornadas y se mantiene en los puestos de vanguardia.

En 90 minutos oficiales, el brasileño anotó dos goles y dio una asistencia en la victoria por 4-0 de su equipo, es decir, que participó de manera directa en tres anotaciones ante uno de los rivales que, pese a ser superado con claridad y no estar pasando por su mejor momento a nivel local, es de los más complicados a nivel táctico.

Actuando como una especie de mediapunta, alternando la referencia ofensiva con Kai Havertz –en el flexible 4-2-3-1 que planteó Bosz, debido a la ausencia de un delantero centro nominal–, pero cayendo en el costado izquierdo, donde tenía la libertad para posicionarse a espaldas de la primera línea de volantes del rival, intentando recibir en ese intervalo que se generaba entre el mediocampista central y el lateral o atacando el costado con un desmarque diagonal para activar el espacio que liberaba Moussa Diaby, que buscaba recibir la pelota más abajo para atraer a Almamy Touré (lateral del Frankfurt) y generar ese espacio antes mencionado.