Publicada el 28/02/2020

Rafael Dudamel se acostaría una noche y soñaría que se convertiría en el primer técnico venezolano en dirigir en uno de los países más importante en el fútbol sudamericano: Brasil. Sin embargo, se despertaría pronto, ya que solamente dirigiría diez (10) encuentros, debido a los malos resultados (cuatro victorias, cuatro empates –uno de esos partidos, los eliminan en una competición por penales– y dos derrotas), donde quedaría eliminado en la Copa do Brasil (segunda ronda) y también en la Copa Sudamericana (primera ronda).

Los malos resultados ocurrirían por una cantidad de problemas tanto en fase ofensiva, donde se les observaría poco ritmo en la circulación (precisamente por eso es que de los trece goles a favor durante su etapa en Atlético Mineiro, ocho serían en balón detenido), como también en fase defensiva, donde fallarían sobre todo en la transición ataque-defensa como en muchísimos duelos individuales.

El Atlético Mineiro de Dudamel buscaba de cierta manera ser protagonista con el balón, es decir, intentaban tener el control de la circulación desde la salida de balón en la primera línea (portero y centrales). A partir de esa zona se observaría una de las premisas del técnico venezolano: el intercambio de posiciones. Esto ocurriría sobre todo en los pasillos de afuera.

La intención sería darle altura a los laterales en fase ofensiva. Por eso uno de los mediocentros (4-2-3-1) o el mediocentro posicional (4-3-3), se posicionaría en la línea de los centrales, ya sea entre ambos o también en zona lateral. Así que, a partir de esos desplazamientos, el extremo se movería hacia el pasillo de adentro, con la intención de darle espacio por fuera al lateral. Aquí conseguirían ciertos problemas, porque habían futbolistas con pocas condiciones para actuar entre líneas, como –por ejemplo– Marquinhos.