Publicada el 7/10/2019

Hovannes Marsuian: La configuración de plantilla del Real Madrid 2019-20 invitaba a pensar en que Fede Valverde podría aparecer en dos posiciones. La primera sería como suplente de Casemiro, como mediocentro más posicional, tanto dentro de un 4-2-3-1 como en un 4-3-3. Mientras que la segunda sería como interior izquierdo, como recambio de Toni Kroos, que, a pesar de ser dos futbolistas distintos, se pueden llegar a asemejar en ciertos detalles como en el hecho de que quizás no son piezas que se especializan en esperar entre líneas, sino en romper líneas con su pase y en ocasiones con su traslado.

Sin embargo, ante el Atlético de Madrid, el Granada y el Osasuna en La Liga, Zidane decidiría colocar a Fede Valverde como interior derecho. Con la intención de darle un rol más físico al uruguayo, de box to box, teniendo participación entre líneas y además siendo una pieza clave en la presión post pérdida.

Alejandro Paz: “¿Qué es Fede Valverde?”, ahora mismo, no es una pregunta precisamente fácil de responder. “Moderno”, según Zidane. O quizá un box to box en bruto. Si bien hablamos de un jugador de 21 años, con todo lo que esto implica, manejar tantos registros buenos (y tan variados entre sí), además de no haber encontrado una función clara desde su llegada a la élite, producto, en gran parte, del contexto en el que se desarrolla, hace que se perfile como un utility en los planes de Zidane, al menos en el plan inicial. No existe, con claridad, una razón para ubicarlo por sobre el resto.

No obstante, resaltando la importancia de la progresión en el talento joven, el partido del uruguayo ante el Granada (tercera titularidad consecutiva en La Liga) muestra el valor que puede tener su presencia en el colectivo cuando encuentra espacios para transitar. A partir de allí, es energía pura para la dinamización de todo un colectivo. Y entre todas las pistas que podemos recopilar de Valverde en Madrid, la necesidad de recorrido (para un aporte diferencial) es la más clara.

La permanencia entre líneas, por más “sudamericano” que se llegue a ser, sin embargo, es un aspecto trabajable. E importante en este Real Madrid. Desde funciones con balón hasta sin él, ligando esta última al reordenamiento tras pérdida, transiciones defensivas o estructura al presionar. Y el “correré hasta que las piernas me revienten” que dejó post partido cuando hablaba de los pedidos de Zidane hacia su persona, nos van diciendo algo, sí. Pudiese ser el punto de encuentro entre “el juego de Valverde” y “demandas del Real Madrid”.

H.M.: Zidane está enfocado en buscar orden sin balón en fase defensiva. No busca arriesgar. Y precisamente por eso, el interior izquierdo es una pieza, que con el esférico, aparece más en paralelo con el mediocentro posicional, aunque con recorrido al área rival en determinadas acciones, mientras que el interior derecho busca alejarse de la base de la jugada casi siempre para aparecer entre líneas.

Es decir, el técnico francés pretende tener en ambos roles de los interiores ese “centrocampista llegador” que se termina evidenciando en la pretemporada. Pero además, busca tener más piezas detrás de la línea de balón para no sufrir en inferioridad en la transición ataque-defensa.

Cuando Fede Valverde comparte el mediocampo con Casemiro y Kroos, el Madrid quizás se convierte en un equipo plano, porque el uruguayo no tiene la agilidad de girar al recibir entre líneas, aunque sí tiene la capacidad de activar a espaldas del medio rival por su interpretación.

El detalle está en que Zidane no busca con el uruguayo una pieza creativa entre líneas, sino tener dos interiores (Kroos-Valverde) que lideren la presión ante la salida de balón rival y además sean intensos luego de que su equipo pierda el esférico para volver a recuperarlo, como en la acción previa del gol de Hazard ante el Granada.

Es decir, la construcción de Zidane se está basando en un equipo que a través de su juego sin balón pueda recuperar para transitar de manera rápida hacia el arco rival, activando los espacios libres que el adversario deja. Y ahí entra en los planes Fede Valverde, porque cuando el Real Madrid tiene que proponer, en ataque posicional, al conjunto español le va a costar con un mediocampo con Casemiro, Kroos y el uruguayo (muy plano).

A.P.: La pretensión del “centrocampista llegador” es clave para lo que conocemos de Fede Valverde. De allí, por lo visto en la 2019-20, puede encontrar cabida natural en la idea. Y el partido ante Granada, nuevamente como interior derecho, es la confirmación de ello. Desde su ubicación con balón (entre líneas o en la base de la jugada según la orientación del ataque) hasta sin él (presionando alto como en la asistencia a Hazard o, aunque en menor medida, manteniendo el orden al replegar).

Sin balón, queda claro que su función principal será presionar. Y también queda claro que una debilidad del Madrid, y lo que en parte resta volumen a los ataques, es la contención de los interiores pensando en un potencial contraataque y cómo evitar el “Casemiro vs. 2, 3, 4…”. Federico, a partir del recorrido, puede atender a esto. Si bien será (mientras juegue) el volante que encabece las presiones altas, los movimientos en “V” (uno sale, otro se queda) con respecto al mediocentro posicional serán vitales para mantener el orden táctico. Ergo, la estructura colectiva será igual o más importante.

Sin una técnica similar a los otros volantes del Madrid, su función con balón tiene bastante sentido a partir de la fluidez a los ataques y las superioridades que pueda crear a espaldas o con apariciones repentinas al área. Funciones simples; más de movimientos lógicos que de intervenciones diferenciales.

H.M.: El problema es que Fede Valverde tiene 21 años y todavía no se le define como futbolista. Y eso –quizás– va a ser un problema para que el uruguayo evolucione sus condiciones. Aunque, el hecho de que empiece a trabajar a día de hoy como box to box tiene más sentido que como mediocentro posicional, debido a que es un jugador que tiene desarrollada más su interpretación táctica que su técnica.

Todavía le falta potenciar su ritmo de circulación, llegando a darle cierta lentitud (pausa) a determinadas acciones que no lo demandan. Y además, ciertos pases que ejecuta no terminan concediéndole ventaja a su receptor, faltándole sentido, a pesar de que tiene un amplísimo repertorio de pase.

Precisamente, en la selección uruguaya se siente cómodo, como esa pieza del doble pivote más liberada, sin actuar entre líneas, pero sí dando recorrido para abarcar distintas zonas, ya sea apareciendo desde atrás sin balón, rompiendo líneas en conducción o con su pase y liderando la presión alta.

Así que, con ese rol más box to box, Fede Valverde puede entrar en la puesta en escena de Zidane como interior izquierdo, sobre todo cuando el Real Madrid tenga que proponer, y también como interior derecho, como lo viene haciendo.

A.P.: Claro está, el fútbol es de interpretación. Y si bien todos vemos lo mismo, porque el fútbol es el que es, no todos lo entendemos igual. Me identifico, entonces, con la corriente que demanda, en la mayoría de las ocasiones, un futbolista excelente en ciertos criterios (diferencial en lo suyo y con puntos “débiles”) por sobre uno bueno en todo. Lo diferencial por sobre lo completo.

Dicho esto, Fede Valverde llegó a la élite, en gran parte, por esto último: por ser un futbolista –adolescente– completo. Pero el ritmo que dicte o no en la misma, en cuanto a estadía e influencia, tendrá que ver más con aquello en lo que logre la excelencia. De momento, conocemos pistas: intensidad, recorridos, incluso interpretación… pero a las mismas, quizá bajo la premisa antes comentada, haya que darle un par de años para resolver el misterio. Y vaya que será necesario hacerlo.