Publicada el 5/10/2019

Hovannes Marsuian: Desde la llegada de Pep Guardiola a Inglaterra, el fútbol inglés está teniendo una evolución, en donde tácticamente existe cierto cambio posicional, a pesar de que a día de hoy todavía existen equipos que tienen como idea, para su puesta en escena, el juego directo.

Es decir, ante esta intención de juego directo es importante contar con centrales que sean capaces de ir al choque para enfrentar envíos largos del rival y así ganar en el juego aéreo. Y Nicolás Otamendi en términos de chocar, marcar en zona en el salto, ir a confrontar a un contrario, es uno de los mejores centrales del mundo. Es un central agresivo, que demuestra ser fuerte en lo físico, permitiéndole ganar una gran cantidad de duelos.

Ahora bien, más allá de ese detalle, es significativo señalar que los equipos de Pep Guardiola tienen un comportamiento de balón clave en su estructura de juego, en donde los centrales poseen el rol de ser los primeros pases para iniciar la construcción ofensiva, en donde el técnico español demuestra ciertas variantes. Un aspecto en el cual Otamendi ha mejorado muchísimo, ¿no?

Además, el Otamendi que aterrizaría en Europa con el Porto de Villas Boas, el cual era un conjunto agresivo que obligaba a los centrales a correr hacia atrás, terminaría demostrando que sufría a campo abierto, porque la velocidad no era una de sus virtudes.

Pero, hoy en día con Guardiola, Otamendi potenció su velocidad a campo abierto, sin llegar a convertirse en un especialista. Además de trabajar el hecho de tener la línea defensiva adelantada, es decir, esperar una posible transición ataque-defensa en la mitad del campo cuando su conjunto se encuentra en fase ofensiva, para ser agresivo y activar una presión tras pérdida. 

Alejandro Paz: El defensor central es uno de los jugadores que más ha evolucionado en los últimos años. Y todo indica que, al menos en el futuro reciente, estos seguirán sumando recursos y criterios para ser futbolistas cada vez más integrales. Uno de los grandes artífices de esta evolución es Pep Guardiola y, por ende, sus zagueros siempre son piezas especiales para ver y analizar.

Nicolás Otamendi es una de esas piezas. En la temporada 2017/18, de hecho, logró convertirse en un pilar del Manchester City y adaptarse a las demandas de la posición (conducción para liberar espacios, pases entre líneas a mediana y larga distancia, creación de superioridades desde el fondo…) aunque siempre con margen de mejora en un aspecto vital dentro del juego: la defensa a campo abierto. Allí, si bien el ecosistema consciente de tal debilidad lo “protegía”, el argentino mostraba serias complicaciones a partir de la velocidad y el timing al marcar.

Ganar duelos siempre será la tarea principal del defensor. El cómo lo impondrán sus criterios y el contexto en el que se encuentre. Pero estamos encontrando centrales que, a partir de sus recursos con balón dentro de la idea en la que funcionan, tienen muchas más intervenciones ofensivas que defensivas. El Manchester City es uno de estos casos, y Nicolás Otamendi uno de los que se potencia en torno a ello.

H.M.: Es que la temporada que instala definitivamente como un central de la élite a Nicolás Otamendi es la 2017-18, porque termina potenciando ciertos detalles necesarios en el contexto del Manchester City de Pep Guardiola.

En sus dos primeras temporadas con el Manchester City había demostrado cierta evolución con el balón, en la 2017-18 lo confirmó. Pero además, al defender en campo abierto, un aspecto que le costó desde su primera aventura en Europa. Y terminó siendo una pieza clave hasta los últimos meses que tuvo un bajón de nivel.

Pero, ¿por qué, a pesar de haber evolucionado en ciertos aspectos como central, Guardiola no contó tanto con él para la 2018-19? Es un misterio porque venía de ser el mejor central de la Premier League, más allá de esos últimos meses que su nivel bajó dramáticamente.

A.P.: La mejor temporada de Nicolás Otamendi, por contexto y nivel individual, fue aquella 2017-18, su tercera en Inglaterra y la segunda de Pep Guardiola como entrenador del Manchester City. Si bien en la primera temporada del técnico español (16-17) fue indiscutible, no fue hasta la segunda –con Pep y tercera con el club– donde relució su mejor versión, siendo uno de los centrales más destacados en Europa.

El argentino atendía a las demandas del defensor moderno y potenciaba a todo un colectivo desde sus participaciones en el fondo. A través de él, se posibilitaba una salida limpia y la oportunidad de avanzar metros en la mayoría de las acciones. Otamendi dominó las conducciones y los envíos a compañeros entre líneas o fijos en la banda, el City generaba superioridades tanto numéricas como posicionales tras líneas de presión rivales y, de tal manera, se desarrollaba la idea con mayor sentido y armonía.

No obstante, pienso, aún en la mejor versión de Otamendi existía gran margen de mejora en aspectos claves. El jugador llegó a su top, pero el top de otros centrales de élite, entre actualidad, edad y conceptos, estaba por encima de este (caso Laporte). Los problemas a campo abierto, por ejemplo, en un equipo acostumbrado a defender a 50 metros de su arco, por más que el colectivo adopte sistemas de protección, siempre se presentará como un “punto débil”. Y a partir de allí, ¿por qué no mejorarlo… con o sin él?

H.M.: Ahora bien, el detalle está en que Otamendi pasó de ser uno de los mejores centrales de la 2017-18 a terminar siendo suplente, con pocos minutos, en la 2018-19. Y en la 2019-20, donde está siendo titular, se está evidenciando que perdió cierto timing en determinadas acciones.

A día de hoy sigue demostrando esa agresividad para cortar/recuperar en campo rival cuando la línea defensiva está adelantada, es decir, el hecho de trabajar en la presión tras pérdida. Siendo un central que a pesar de no ser perfecto, es capaz de ganar muchísimas batallas.

Pero, ¿no te parece que le falta cierto nivel de interpretación? Es decir, concentrarse más en leer la acción que ser agresivo como prácticamente siempre. Sobre todo pensando en esa falta de timing en determinadas acciones y que en unos meses va a cumplir los 32 años (físicamente no va a ser lo mismo).

A.P.: No es el mismo Nicolás Otamendi. No hablamos de uno mejor o peor, sino de uno diferente; uno de 31 años y que deberá modificar/adaptar algunos criterios tanto a su estado de forma como al contexto el que se desarrolle. En su caso, a partir de la velocidad mental que alberga, deberá construir una versión menos arriesgada, con mayor control de las temporizaciones defensivas y que aún mantenga el dinamismo para jugar desde la última línea. Un reto.

Sin embargo, sustentada en vertientes de la experiencia, la figura del argentino podría tener cabida en la actualidad (más allá de lesiones) a partir de esta “nueva versión”. Una mutación de “agresivo” a “interpretativo” en lo que a etiquetas respecta. Un Otamendi que actúe en base a la lectura, reconociéndose incluso menos ágil que antes, y no en base a al instinto.

La condición física, además de los conceptos que aplica y tienen como consecuencia acciones y/o escenarios con influencia directa de esta, no es mejorable a esta edad. A eso habrá que sumarle la pérdida del timing producto de la inactividad. Y, pese a ser un proceso totalmente natural, da lugar a una reinvención que tire más de las virtudes, como su rapidez mental para accionar a partir de la seguridad conforme a su velocidad, técnica y estado. Pero el colectivo, claro, tendrá que seguir “protegiendo”.

H.M.: Y es que, para que Pep Guardiola logre su principal objetivo en el Manchester City, el cual es ganar la Champions League, va a necesitar tener una versión más interpretativa de Otamendi, equilibrándola con su agresividad, ¿no te parece? ¿En qué crees que deba mejorar?

Esos fallos de timing, tanto en campo abierto como en defensa posicional, los demuestra sobre todo ante encaradores o delanteros con mucha movilidad, porque por naturaleza busca ser agresivo y meter el pie para cortar/recuperar, pero le está faltando ciertos segundos en determinadas acciones.

Así que, el hecho de aguantar y temporizar al contrario para entender cuándo meter el pie, y no ser agresivo desde el inicio, es un detalle que Otamendi debe potenciar. Como también su lectura con el juego con el balón, porque en ocasiones, sobre todo ante presiones, puede ser impreciso con su pase o también le pueden robar el esférico, como Emiliano Buendía en el tercer gol del Norwich City en la quinta jornada de la Premier League 2019-20.

A.P.: Su interpretación del juego, sin dudas, es el factor a potenciar. A partir de allí, disminuirán los riesgos. En el caso de Otamendi, sin balón, esto significa dominar las temporizaciones defensivas y llevar al límite ese rompimiento de línea para ir al corte. No trata de conceptos ni de blanco o negro, sino de probabilidades a partir del reconocimiento personal y una reinvención en cuanto a estas. Lo potenciable está en la mente. Después de los 20s, siempre lo está. Qué tan útil pueda ser el argentino ahora, en gran parte, nacerá de allí.

No tendrá un manual ante cada escenario, pues este siquiera existe. Quizá la prudencia necesaria para figurar en la actualidad sea lo más cercano que podría llegar a estar de aquello. El conocimiento del contexto y rival de turno (desde comportamiento colectivo hasta la potencial marca en el partido) será clave en su juego. De allí lo fiable que puede ser ante un “9” referencial entre centrales y lo complicado que podría ser verle ante ideas de juego directo o propuestas reactivas, siendo estas las más comunes al enfrentarse al Manchester City.