Publicada el 3/10/2019

La ida de las semifinales entre Grêmio de Porto Alegre y Flamengo tuvo un guion predecible a partir de lo que propone cada uno de sus entrenadores, que a su manera buscan dominar el encuentro a partir de las principales virtudes de sus futbolistas. Pero, más allá del choque de estilos, fue el conjunto de Jorge Jesús quien dominó gran parte del partido a partir de un ataque funcional muy bien ejecutado, donde priorizaron asociarse por banda izquierda (zona donde conviven los futbolistas más talentosos), y con una presión intensa que consiguió maniatar cualquier intento de progresión del local, que sin Jean Pyerre le costó una barbaridad crecer a partir del manejo de la pelota.

Flamengo, desde el primer minuto, propuso de manera activa con mucha actividad de su costado izquierdo aprovechando los movimientos zonales de Filipe Luis, Giorgian De Arrascaeta y Bruno Henrique, quienes rotaban alturas con la intención de progresar y ocupaban zonas (base, entre líneas y amplitud) con mucha coherencia. Con ellos, más las apariciones constantes de Gerson y Everton Ribeiro, para sumarse a la zona de la pelota (Ataque funcional), la generación de peligro fue constante.

Al mismo tiempo, Willian Arão fungía como el sostén del equipo a partir de su posicionamiento. Se acercaba a la zona de la pelota, pero tomaba distancia para poder saltar a presionar o para apoyar a los centrales (más el lateral del lado opuesto) en la transición defensiva por si Grêmio conseguí recuperar y salir.

Pero, en la primera mitad, eso fue imposible debido a la imposibilidad de Grêmio (quien se posicionó siempre en un bloque bajo en 4-4-2) para recuperar la pelota en zonas ventajosas y, a partir de allí, fue perdiendo metros. Solo Walter Kannemann, pese a no conseguir sacar réditos positivos, intentaba recuperar la pelota con la misma intensidad, pero nunca llegaba a tiempo para hacerlo.