Publicada el 2/10/2019

Renato Gaúcho se ha convertido, en esta época reciente, en uno de los grandes estrategas a nivel sudamericano. Y es que, junto a Marcelo Gallardo, se ha convertido en uno de los habituales en estas instancias en los últimos años  con un estilo futbolístico que,  debido a las bajas que ha sufrido en los últimos mercados, ha cambiado en más de algunos matices pero que se mantiene competitivo a partir de la pizarra y la capacidad de sus jugadores para trabajar de acuerdo al plan. Estos rasgos han transformado a Grêmio en uno de los mejores equipos de todo el Continente.

Esta versión 2019, a diferencia de las anteriores, tiene un principio mucho más reactivo a partir de la altura en la que defienden en las fases sin pelota y en la manera en cómo le generan contextos a que principal figura: Everton. Grêmio es un equipo que, cuando está en sus fases con pelota, circula muy bien la misma a partir de Jean Pyerre y los volantes de marca, pero su verdadero peligro lo genera a partir de las transiciones ofensivas,  contexto en el que sus extremos se convierten en un arma peligrosa, y el juego directo,  donde buscan siempre activar a su delantero centro (Diego Tardelli) y que este pueda abastecer a los jugadores que llegan desde una segunda línea. Ambas maneras de atacar de basan en un posicionamiento colectivo, a nivel defensivo, que busca proteger el área propia con mucha agresividad, con líneas muy retrasadas y con un bloque medio/bajo que se construye a partir de sus centrales (Walter Kannemann y Pedro Geromel)

El repliegue que confecciona Renato Gaúcho tiene matices que, a diferencia de otros, le entregan muchos caminos para recuperar la pelota con agresividad y poder desplegarse con velocidad a los espacios que deja al rival cuando está atacando. Uno de esos primeros rasgos en la intensidad de la presión cuando el rival intenta llegar a la zona de 3/4 de cancha, donde los volantes de marca achican con agresividad y fuerzan a los contrincantes a realizar ejecuciones de una alta calidad técnica, si tiene la intención de progresar por el carril central.

El segundo matiz pasa por las persecuciones que realizan algunas piezas para disminuir las intervenciones de los mejores jugadores del rival. El tercero va de la mano con la intención y hacía donde quiere llevar a su rival. Grêmio siempre facilita que el contrincante avance por los costados, forzándolo a jugar con sus extremos en situaciones limitadas y forzándolos a centrar al área en última instancia, lo que termina siendo un despeje seguro con Geromel y Kannemann, quienes se adueñan del área propia con una seguridad tremenda.