Publicada el 1/10/2019

Después del Barcelona de Guardiola, el fútbol empezó a ser un poco más posicional. Es decir, el juego de posición se convirtió en un modo de ordenarse con el balón para varios equipos a nivel mundial, ya sea ejecutado de buena manera como también con ciertos fallos. Y uno de los puntos de esta tendencia es el de dar amplitud en ambas bandas para activar pasillos interiores.

Sin embargo, la temporada 2018-19, sobre todo con el Ajax de Ten Hag, sirvió de “boom” para darle una mayor importancia al ataque funcional. Una organización ofensiva que se presentó en la Escuela del Danubio de Jimmy Hogan, la Austria del 30 y la Hungría de Gusztáv Sebes de los 50, que trata de juntar a las piezas de un equipo en el sector del balón, como una especie de rondo.

Ahora bien, el fútbol brasileño en sus últimos años tuvo una mayor disciplina posicional, con un orden sin balón y con más transición que organización al atacar. No como en años anteriores, en donde se evidenció una mayor utilización del ataque funcional, a través de agrupar futbolistas en la zona donde se encuentra el esférico, es decir, con mucha libertad posicional y juntando piezas en espacios reducidos. Organizando su posesión desde el posicionamiento de la pelota.

Hoy en día, se está observando de manera más constante otra vez el ataque funcional en el fútbol brasileño. Por ejemplo en el Flamengo de Jorge Jesus, aunque este equipo con Abel Braga ya daba ciertos detalles de este tipo de organización ofensiva. Hay cierta independencia posicional, a pesar de que están teniendo ciertos problemas para profundizar.