Publicada el 3/09/2019

La primera imagen de Javier “Chicharito” Hernández en la élite europea explicaba que estábamos ante un delantero liviano. En su primer gol, en un partido oficial, con el Manchester United –equipo que lo llevaría al fútbol en Europa– marcaría con la cara. El mexicano se enredaría con sus piernas y se acomodaría de manera incómoda, así que lograría que el remate pegase en esa “zona”. Ahí demostraría que tendría problemas en ese aspecto.

Con el paso de los años hasta la actualidad, Chicharito ha demostrado que su físico y sus características no van de la mano. Es un delantero de área, pero puede convivir fuera de esa zona, aunque sin brillar. Técnicamente tiene gestos bruscos y poco virtuosos, y ante los problemas, le cuesta ser la solución. Sin embargo, entiende el cómo colocar el cuerpo para abrirse un camino y busca ser importante en el juego aéreo, sin embargo, en el contacto lo pueden desplazar fácil (es liviano).

Es decir, su condición física lo invita a jugar lejos de su posición inicial y lo hace, atacando la espalda del medio rival (entre líneas) y en ocasiones moviéndose hacia la banda para liberar la zona del “9”, para que una de las piezas del medio o uno de los extremos ataquen ese espacio. Pero no es contundente. Y además, su coordinación de movimientos normalmente no concuerdan con su intención.

Chicharito Hernández termina siendo un recurso en específico. Y quizás ahí le pueda dar un perfil diferente a Luuk de Jong, que está siendo el titular, al Sevilla de Lopetegui, porque el delantero holandés es más de convivir con los centrales y realizar un desmarque de pocos metros ya sea dentro del área, ya que es un rematador de esa zona que hay que lanzarle de manera constante centros laterales, como fuera de ella, a espaldas de la defensa rival (poco recorrido), mientras que el mexicano es muchísimo más dinámico, ofreciendo movilidad en la fase ofensiva para ir atacando o generando espacios para sus interiores o extremos, o también para él mismo.