Publicada el 20/08/2019

Todo equipo que busca proponer siempre corre el riesgo de quedar expuesto atrás. Por eso necesita de jugadores que sirvan como un cerrojo para que nadie llegue al área. El Grêmio tiene para esta tarea a Walter Kannemann. Un futbolista que en sus inicios en San Lorenzo fue lateral izquierdo, pero conforme a su desarrollo se termina afianzando en la zaga central.

Tras ser campeón de la Copa Libertadores con “El Ciclón” en 2014, repitió el mismo logro con el gigante brasileño tres años después. No fue casualidad consagrarse bicampeón de un torneo tan importante, sino que se trató de un constante buen desempeño que ha mostrado en los últimos años y que lo ha calificado como uno de los mejores centrales del continente.

El argentino se ubica como segundo marcador central en la zaga del 4-2-3-1 que establece Renato Gaúcho. No es una pieza significativa en la creación, pero tiene una cuota mínima de participación sirviendo como un apoyo. Cuando el doble pivote no tiene una salida clara, Kannemann aparece y juega en corto hacia sus costados. Recibe la pelota e inmediatamente descarga con el lateral izquierdo o con el otro central, buscando una vía alterna para salir del fondo.