Publicada el 12/08/2019

Después de la Copa América, el Santos ha evolucionado debido al aumento de la producción ofensiva partiendo desde la evolución de los movimientos colectivos en pro de generar superioridades numéricas en sectores claves del terreno de juego y en una facilidad para generar oportunidades de peligro (volumen de juego) a partir de las ventajas que generan los desplazamientos predeterminados de piezas claves.

Dichos automatismos y rendimientos altos, ha llevado al equipo de Jorge Sampaoli a ser uno de los más poderosos de todo el Brasileirão. Después de unos ajustes necesarios, ha comenzado a carburar como una máquina de alto nivel pese al corto tiempo (seis meses) de trabajo.

Las fases ofensivas siempre comienzan desde la defensa, es decir, desde la salida de la pelota desde el fondo. Sampaoli utiliza constantemente una línea de tres centrales con la intención de generar superioridad numérica y poder progresar con mayor facilidad de manera paulatina. Esto se debe, al mismo tiempo, que la mayoría de los conjuntos brasileños de élite utilizan un sistema con uno (Palmeiras, Grêmio, Athletico Paranaense, Corinthians) o dos atacantes (Flamengo) que buscan presionar la salida del rival, por ello Santos tiene una victoria casi asegurada desde el vamos. Pero, aunque los centrales tienen roles normales dentro de cualquier esquema de este tipo, los carrileros tienen una función que busca también generar ventajas.