Publicada el 8/07/2019

“Cuando entré en el proceso de selección para el puesto de entrenadora titular de EE.UU. delimité las áreas donde necesitábamos mejorar. Analicé nuestras fortalezas y debilidades y escogí los puntos donde nos hacía falta crecer (…) Incluso estudié a los equipos que nos habíamos enfrentado en los doce meses anteriores a cada Mundial. Cada detalle importaba en la preparación para ganar en Canadá. No habíamos ganando el campeonato en 16 años y yo me preguntaba si era cuestión de cambiar el plan”, le comentó Jill Ellis a The Coaches' Voice. Y a partir de esa frase tiene sentido el hecho de que la selección femenina de fútbol de los Estados Unidos lleva dos Mundiales seguidos (2015 y 2019) con la entrenadora inglesa a cargo.

En 2019, Estados Unidos mejoró sus números del 2015, porque ganaron todos sus encuentros, además marcaron doce (12) goles más y tuvieron la misma cantidad de anotaciones en contra. Pero lo fundamental fue que demostraron un control emocional para saber adaptar su juego a los distintos contextos del juego y también para aguantar y contrarrestar al contrario.

La selección dirigida por Jill Ellis pretendería progresar con el balón dominado a partir de sus centrales, teniendo como primera intención salir por abajo con alguna pieza del centro del campo, ya sea con Julie Ertz, Rose Lavelle o Samantha Mewis. Sin embargo, cuando no conseguían progresar de esta manera, activarían algún envío largo, a espaldas de la defensa rival o con alguna pieza en amplitud en la banda para intentar algún 1 vs. 1, sobre todo por parte de Abby Dahlkemper, en el cual buscaría a una de los extremos (Megan Rapinoe, Tobin Heath o también Christen Press) para generar profundidad aprovechando su velocidad en la ruptura a la zona libre.