Publicada el 8/07/2019

En un ambiente casi en su totalidad mexicano, se dieron cita Estados Unidos -el local no local- y México en la final de Copa Oro. El encuentro que generalmente se espera en este torneo no tenía un claro favorito porque tanto a Gregg Berhalter como a Gerardo Martino les había tocado avanzar tras superar la presión de dos equipos que ofrecieron un gran performance en el mes de competencia: Haití y Jamaica.

El ranking de la confederación, el número de jugadores en el exterior y el cartel de su técnico eran indicios de que el “Tri” era quien propondría de inicio bajo el 4-3-3, con más roles que puestos. Estados Unidos igualó la apuesta y posó sobre el terreno la misma distribución inicial, con el condicionante de tener a su mejor jugador en un puesto de sacrificio más que de provecho.

El dominio posicional de Edson Álvarez

El mediocentro dorsal 4 tiene importancia absoluta en las 4 fases del juego. Con su participación en salida entre Moreno y Salcedo generaba, al menos, enfrentamientos directos con Jozy Altidore, Jordan Morris y Paul Arriola, mientras los laterales se sumaban en amplitud. Estados Unidos sabía que con Jesús Gallardo había que tener cuidado porque así como puede llegar a línea de fondo, se puede situar por dentro. Lo limitaron en su radio de acción y esto le pudo hacer un poco más llevadero el proceso a Reggie Cannon.