Publicada el 7/07/2019

Desde la llegada de Gregg Berhalter, la selección de los Estados Unidos ha venido construyendo un sistema y un funcionamiento de juego que va en pro del crecimiento colectivo del equipo a raíz de progresar todos con la pelota, pero con mucha agresividad, en una búsqueda constante de vulnerar al rival y por diferentes vías, aunque con automatismos diferenciados.

Tanto en ataque como en defensa, la intención es que el colectivo logre prevalecer por encima de las individualidades aunque, desde el vamos, existen nombres propios que destacan por encima de los demás, por ejemplo Michael Bradley y Christian Pulisic.

Estados Unidos parte de un sistema que muta permanentemente y que va dependiendo del rival y de la fase del juego. Un ejemplo claro fue el partido contra Jamaica, donde, a la hora de defender, formaban un bloque en 4-4-2 con Michael Bradley y Weston McKennie como volantes de marca, Jordan Morris y Paul Arriola como extremos más la presencia como puntas de Pulisic y Jozy Altidore.

Pero, a la hora de atacar, mutaba a un 4-3-3, donde Bradley retrocedía para ser el eje del inicio del juego y Pulisic descendía a la posición de un interior (con la libertad para participar en cualquier zona) por el costado izquierdo para romper constantemente ante la función de fijar por fuera de los externos y la presencia de Altidore, como punta fija, convirtiéndose en un activo positivo entre líneas.

A la hora de defender, presionan constantemente en campo rival con la intención de que el rival juegue en largo y así poder comenzar la jugada desde los centrales (Matthew Miazga, Aaron Long, Walker Zimmerman), con la intervención de que con Bradley formen un triángulo donde generen superioridad numérica en esa zona.

La presión busca igualar posicionalmente la ocupación de espacios del rival, cuando los volantes de marca retrasan para participar, saltan hasta esa zona para, de manera inmediata, clausurar la opción de pase o complicarle la recepción al posible poseedor.

Si la presión no surte efecto, o el rival tiene la oportunidad de reiniciar la jugada, forman un bloque ordenado, con un punto de partida bastante atrasado, para cerrar líneas y que el adversario no pueda crecer en el terreno de juego. Dicha fase potencia la posibilidad de contragolpear cuando se recupera la pelota en campo propio y lanzar a los extremos a recorrer mucho terreno en conducción.