Publicada el 2/07/2019

Una selección como la peruana es un caso atípico en el pequeño universo de sus homólogas sudamericanas. Exceptuando el caso de Tabárez con Uruguay, es la única que ha conservado a su entrenador por más de un proceso mundialista. Y por lo visto desde ya el tercer año de gestión, el funcionamiento colectivo se manifiesta muy ofensivo. Al punto que es agradable a la vista. Perú en Brasil no es lo que fue en Rusia, pero no ha perdido la hoja de ruta.

Y parte de esa proposición con el balón viene dada por el uso, quizá desmedido, de sus laterales. Hay equipos que buscan que  solo pase uno al ataque mientras que el otro no pase de la mitad de la cancha. Los incaicos no conciben esa idea. Si Luis Advíncula centra desde su banda, hay tres efectivos en el área esperando su servicio. Y Miguel Trauco, más escorado, espera por si surge un rebote o si el centro se va largo.