Publicada el 26/06/2019

Finalizó la Copa América Brasil 2019 para la selección ecuatoriana, con una temprana eliminación en fase de grupos y un rendimiento muy negativo en líneas generales, tal como lo demanda la historia de este torneo, pues son contadas las participaciones destacadas de la ‘Tri’.

El equipo dirigido por el entrenador colombiano, Hernán Darío Gómez, no llegó al certamen de selecciones más antiguo del mundo con una correcta preparación, demasiadas dudas desde la convocatoria inicial hasta las formas en que se manejó a lo largo de los tres partidos disputados frente a Uruguay, Chile y Japón, respectivamente.

Todo fue improvisación tras improvisación en cada decisión tomada por el cuerpo técnico para así tratar de encontrar al apuro soluciones en el camino a los diferentes problemas futbolísticos que padeció el equipo. Sin embargo, si poco menos de un año –tiempo desde que empezó el proceso del Bolillo– no fue suficiente para tratar de consolidar un conjunto, mucho menos lo iban a ser un par de semanas y más aún con la presión de revertir la mala imagen mostrada previamente.

Ecuador llegó al torneo, luego de jugar una serie de amistosos, en el que el sistema base había sido un 4-3-2-1, pero, para sorpresa de todos en el primer partido, contra Uruguay, el Bolillo decidiría cambiar de último momento el esquema, ya que rompería el trivote en el medio para ganar un jugador más en ataque detrás del delantero, posición que finalmente ocuparía Ángel Mena.

Apuesta válida sin dudas, pero el problema sería que este, por más pequeño e insignificante movimiento que parezca, no estaba demasiado entrenado y eso se notaría. Ahora bien, la derrota escandalosa por 4-0 frente a Uruguay no solo pasaría por ese simple ajuste táctico, sino más bien por todo un funcionamiento colectivo que nunca aparecería.

La línea defensiva fue superada por Cavani, Suárez y compañía de forma constante y con mucha facilidad. Esto por la improvisada defensa por la que apostó Gómez para el debut. Sorprendieron las ausencias de Jhegson Méndez, Leonel Ramírez y especialmente de Robert Arboleda, el mejor central ecuatoriano del momento, para que en su lugar juegue Arturo Mina, que tuvo un partido para el olvido. Lo mismo pasó con José Quintero, lateral derecho que fue expulsado antes del final del primer tiempo.

El panorama fue terrorífico para la Tricolor en su primer duelo. Le costó muchísimo entrar en el ritmo del partido. Nunca igualó la balanza ante el dinamismo uruguayo y en cada jugada que defendió, la pasó muy mal, donde el portero Alexander Domínguez fue figura pese a la goleada.

Ecuador no pudo dominar con la pelota en sus pies, el mediocampo conformado por Jefferson Orejuela e Jefferson Intriago se hizo agua y los atacantes ni siquiera tuvieron la oportunidad de participar. Un primer partido con muchísimos errores, del cual en la mayoría de las veces es casi imposible recuperarse en un torneo corto y así fue.

Para la segunda fecha, ante Chile, con la premisa de mejorar lo mostrado y la necesidad de sumar, el Bolillo Gómez se vio obligado a cambiar a seis jugadores, sí, increíblemente fueron seis los cambios realizados de un partido a otro en un transcurso de tres días. Arboleda, Ramírez, Pedro Pablo Velasco, Carlos Gruezo, Méndez e Romario Ibarra fueron los que ingresaron para conformar así un once completamente distinto.

Esto demostraría que el rumbo para el técnico colombiano no estaba para nada claro, ya que no solo modificaría la alineación, sino también el parado inicial. Cambiaría por completo la defensa, volvería a los tres centrocampistas y también variaría en los extremos. Es decir, sería un equipo renovado en todo sentido, y se pudiese decir que las variantes le vendrían a Ecuador.

Se vería un equipo mucho más ordenado en todas sus líneas, que por tramos ganaría la batalla en el mediocampo. Sin embargo, las desconcentraciones al inicio, tanto del primer como segundo tiempo, penalizaron por completo lo poco o mucho que había hecho Ecuador, pues recibiría ambos goles de arranque en cada parte. Pese al intento de recuperarse, la “Tri” no podría hacer daño en ataque, en gran parte ante la falta de variantes para generar juego por dentro y también por las bandas.

De esta manera, el equipo del Bolillo dejaría escapar la oportunidad de sumar y sus posibilidades para la última fecha eran remotas. Aunque, pese a todo, los resultados en los demás partidos favorecerían, de manera insólita, a Ecuador, que llegaría al partido final ante Japón con la chance plena de clasificar, pero necesitaban la victoria.

El Bolillo mantuvo el once que jugó con Chile. Solo entró Mina por la expulsión de Gabriel Achilier y una vez más la “Tri” sufrió de comienzo, lo cual le costó empezar perdiendo el partido. Rápidamente con más ganas que fútbol, se encontró con el empate y de ahí en más se le dificultó mucho aproximarse con peligro al área asiática.

Ecuador por momentos sería superior, pero no sería capaz de capitalizarlo en el marcador. Ahí aparecería la mano del técnico con los cambios, que para los intereses ecuatorianos, no darían resultado. Resulta difícil de entender la dirección de campo que tuvo el Bolillo contra Japón, ya que primero lo sacaría a Méndez, quien era el de mayor aporte en el medio, luego a Mena, que era uno de los más desequilibrantes, y finalmente a Romario Ibarra.

Pero lo más sorprendente de todo sería que cuando Ecuador necesitaba un gol para clasificar y carecía de pegada en metros finales, el Bolillo daría entrada a Antonio Valencia y Andrés Chicaiza en lugar de Carlos Garcés, que era el único “9” disponible entre los suplentes.

Apenas tres jugadores (Domínguez, Orejuela y Enner Valencia), jugaron todos los minutos posibles durante el torneo. Un dato que refleja la cruda realidad ecuatoriana y explica a su vez mucho el motivo por el que le fue tan mal a la “Tri”. Nunca existió un once fijo y sin estabilidad es imposible competir, más aún en un torneo corto.

En conclusión, el principal problema de Ecuador durante los tres partidos fue la falta de trabajo en lo colectivo. No existió un funcionamiento aceitado. Nunca se mostró una idea de juego sostenida, el mediocampo no a llegó a rendir en su totalidad, la defensa muchas veces fue superada de forma infantil y en ataque no se puede decir mucho, pues la propuesta no fue ni estuvo cerca de ser ofensiva.

Ahora, no todo fue malo para Ecuador en la Copa América como parece. Pues, hay que rescatar ciertos puntos individuales que lograron destacar y sacaron la cara pese a no tener un colectivo que los acompañe. Jugadores como Robert Arboleda, Pedro Pablo Velasco, Jhegson Méndez, Ángel Mena y Enner Valencia dejaron claro que están en capacidad de ser muy importantes para el proceso eliminatorio.

Hernán Darío Gómez se equivocaría a elegir los caminos desde un principio. En su convocatoria dejaría a varios jugadores de gran presente, para llevar a los experimentados que venían sin ritmo de competencia. Por otro lado, no sería capaz de construir una estructura de juego que le permita a la selección ecuatoriana tener una identidad y además tendría fallos en su dirección de campo en los tres partidos de Copa.

Así, la selección ecuatoriana termina con su participación en esta Copa América. Un torneo que deja muchas enseñanzas de cara al futuro, ya que hay futbolistas que no están para continuar en la selección mientras que hay otros que están para dar el paso, por el buen momento actual que atraviesa el fútbol ecuatoriano, sobre todo con la fantástica generación que se viene, la misma que acaba de conseguir el tercer puesto en el Mundial Sub-20. Una mezcla correcta de juventud con experiencia podría permitirle a Ecuador volver a luchar en los primeros planos del fútbol sudamericano.