Publicada el 17/06/2019

Salvo Alexis Sánchez y Arturo Vidal, todos los integrantes de “La Roja”  de Bielsa han tenido algún momento en el que vieron comprometida su continuidad. En ambos casos se debe a que son futbolistas de una cualidad sin reemplazo, además de pertenecer a los mejores clubes de Europa. Sin embargo hay otro miembro de la selección que ha pasado como por debajo de la mesa y que, desde Bielsa a Rueda, ha dicho presente. Se trata de Mauricio Isla.

Jugando con dos o tres centrales, el formado en Universidad Católica siempre ha encajado en el dibujo táctico de Chile. Porque si revisamos su mapa de calor promedio damos con que tiene presencia por todo el carril derecho. A distintas alturas, su juego en sociedad con el volante externo, que en esta copa parece que será Fuenzalida, es de muchos registros. Es difícil en la actualidad conseguir laterales con mayor perfil defensivo. E Isla no se acerca a ese estilo.

Pese a sus 31 años se muestra con una resistencia acorde a la posición, dado el despliegue que ofrece. Los tiempos han cambiado, ahora la vida útil del deportista ha aumentado. Por eso vemos que desde su debut profesionales ha militado en clubes de tres de las cinco grandes ligas europeas. Hay claves en su juego que dan a entender por qué el equipo lo necesita presente casi siempre a la par de la altura del balón.

Hay que decir que juega muy cerca de la línea lateral. Esto ayuda a que Chile consiga siempre una opción abierta por esa banda que le sirva para comenzar a generar superioridades por ese costado o para cambiar de dirección el ataque. Incluso desde el inicio se muestra como opción del primer pase a media distancia.