Publicada el 5/06/2019

La Copa del Mundo Sub-20 de Polonia ha consolidado a Carlos Cuesta como un central que no tiene techo. El colombiano ha demostrado que, con tanta carrera por recorrer, es cuestión de tiempo para que llegue a la élite del fútbol y consolidarse día a día como un defensor total. Sus exhibiciones ante contrincantes de su edad lo han colocado en la palestra, Polonia le sirvió como trampolín para demostrarle a todo el mundo que, por condiciones tanto físicas y mentales, está capacitado para dar el salto de calidad para ser un jugador que domine su posición.

Cuesta es un prodigio por naturaleza, es un jugador inteligente que interpreta cada acción de manera acertada y ejecuta, independientemente de lo que tenga que hacer, perfectamente. Siempre está bien colocado en la cancha, siempre perfilado para poder anticipar/despejar con mayor facilidad e impasable en los duelos mano a mano, donde prevalece constantemente por su nivel interpretativo de la jugada porque sabe cuándo meter la pierna o cuándo ir por el que posee la pelota.

Más allá de eso, el de Atlético Nacional cuenta con una velocidad para resolver diferentes situaciones, tanto en posicional como a campo abierto. Es un central contundente que resuelve, hasta con una sencillez que abruma, diferentes situaciones puntuales del partido, desde perseguir a un delantero rápido cuando va en dirección a su arco hasta salir a achicar, para quitarle margen de maniobra, a un atacante que intente pivotear y dejar a sus compañeros de cara. Gana todos los mini duelos que tiene durante el partido, lo que lo hace un bastión dentro de cualquier sistema defensivo.

Por otro lado, y pese a no tener una altura privilegiada, tiene muy buen juego aéreo, donde predomina constantemente ante rivales con una estatura superior, aunque es el registro donde más sufre a nivel defensivo. Su salto es impresionante, siempre haciéndolo en el momento justo. Su velocidad, como mencionamos previamente, lo ha potenciado como corrector de jugadas en diferentes escenarios, tanto en banda como por dentro porque, además de su rapidez, tiene una limpieza única a la hora de ir al piso a recuperar la pelota.

Con la pelota en los pies, su evolución no ha dejado de ser impresionante. Ha desarrollado su primer pase para romper líneas de presión,  transmitiendo una sensación de comodidad a la hora de recibir y tener que sacar a equipo adelante. No toma decisiones arriesgadas a la hora de pasar, tiene un criterio para elegir el camino a seguir que demuestra lo que es como jugador, y tiene una conducción para romper líneas que, potenciada con su velocidad para detectar al compañero que se libera en consecuencia, es muy potente.

Carlos Cuesta tiene las condiciones para, en uno años, adueñarse de la central de la selección colombiana y de poder dar el salto al balompié europeo. Sus características, tanto interpretativas como físicas, lo posicionan en un lugar donde muy pocos defensores de su edad pueden estar. Es un prodigio por naturaleza que, después de su gran participación en la Copa del Mundo Sub-20, parece estar en el ojo de todo el mundo.