Publicada el 5/06/2019

El comienzo de la tercera década del milenio supone un cambio para las nuevas generaciones de futbolistas. Existe la creencia de que los futbolistas millennials presentan las cualidades modernas en cuanto a las demandas del fútbol competitivo. Pero esto es un mito. Las viejas costumbres pueden enlazarse en jugadores que nacieron a la par del siglo. Un ejemplo de delantero moderno con características de “9” de área es Adolfo Gaich.

En el pasado era poco usual ver que un punta incomodando a los centrales. Actualmente el sudamericano busca ubicarse entre los centrales en caso de rebote, pero antes era normal verlo caminar, como ralentizando energías. Ese ahorro se da en el caso del joven ariete de San Lorenzo. Sea por falta de lectura o por pedido de sus entrenadores, no es de cuidado en la marca. No hay presión alta en su juego.

Pero si uno de los compañeros activa la transición al arco con su recuperación, su zancada le da una importante aceleración. Aunque su altura denote rasgos de corpulencia, presenta una conducción en velocidad importante. Ajena al perfil del delantero de otrora. Cualidad que ha puesto en manifiesto en su club donde ya ha materializado en goles en varias ocasiones.

El gol a Portugal Sub-20 es un ejemplo de juego directo, tan longevo como el mismo deporte. Salida larga de Manuel Roffo, descarga de Gaich e inmediatamente emprende su recorrido, al trote pero con cambio de ritmo en el momento justo para desmarcarse. Esa sapiencia del ’’9” para iniciar una triangulación que él mismo va a finalizar. En cuatro toques, del inicio al final, se crea un gol.

Donde se muestra como delantero del nuevo milenio es en las zonas donde puede llegar en posesión. No está anclado al carril central sino que puede exteriorizar hasta por el pasillo izquierdo, en el que es capaz de centrar de zurda como un extremo. La popular pierna “de palo” con la que por años estuvo condenado el primer jugador de ataque a prescindir a la hora de pasar o rematar.

A la hora de disparar al arco no solo tiene esa llegada sino que sabe dónde estar en caso de buscar el rebote. Como en el gol a Sudáfrica en el debut mundialista, al borde del offside, pero tan cerca del arquero que el mismo se queda sin reacción ante una definición tan próxima. Ese olfato goleador del “rebotero”, la mentada efectividad de ese “gol de goleador” no es esquiva al dorsal “9” de la Argentina Sub-20.

Aunque la figura del definidor de área chica aun sea un pan de cada día en el fútbol actual, como puede ser Ramón Ábila, Gaich no reduce su manera de rematar a distancia corta. Con fuerza no solo para ganar por arriba, ha anotado de media distancia en más de una oportunidad. En el Sudamericano ante Venezuela firmó un triplete en el que hizo gala de su catálogo de definiciones.

El fútbol de antes y el de hoy son casi mismo. Cambian las reglas que lo condicionan, fuera de lo esencial. El cómo se juega varía por las tendencias que hacen ganador a un estilo u otro. Pero en nuestros países vivimos una interesante transición en lo aprendido hace años y los conocimiento metodológicos que emigran de Europa. Adolfo Gaich es un ejemplo de esa mezcolanza entre el antes y un después. Su manejo de habilidades lo posicionan como interesante delantero a futuro, pese a sus anacrónicos detalles.