Publicada el 11/05/2019

Después de nueve temporadas, Diego Godín se despide del Atlético de Madrid luego de convertirse en una de las figuras históricas de uno de los mejores momentos de la historia del conjunto colchonero, que llegaría de la mano con el arribo de Diego Pablo Simeone en el banquillo. Pero, antes de eso, el central uruguayo ya estaba ganándose su lugar dentro del equipo de Quique Sánchez Flores donde compartiría la zaga junto al colombiano Luis Amaranto Perea y plantel con Paulo Assunção, Sergio Agüero y Diego Forlán, quienes ganarían la Supercopa de Europa del 2010 al Inter de Milán de Rafa Benítez, donde el uruguayo levantaba su primer título de muchos como colchonero.

Pero su crecimiento y establecimiento en la élite llegaría en la temporada 2011-12 con la llegada del Cholo a Madrid, donde comenzaría una de las etapas más bonitas de la historia del conjunto colchonero. Ya contaba con las condiciones para competir en el más alto nivel español pero, su despegue hacia la élite llega con Simeone como entrenador, quien lo potencia tanto de manera individual como colectivo, porque le entregaría un entorno que le favorecería siempre a su estilo de defender y de participar en el juego, hasta a nivel ofensivo donde él aparecía como una de las variantes más potentes para vulnerar el arco contrario.

Godín siempre se destacaría por ser un defensor con mucho temple y con la capacidad de corregir múltiples acciones en desventaja y en escenarios de inferioridad pero, con la llegada de Simeone, mejoraría múltiples registros que lo hicieron liderar un sistema defensivo que parecía inexpugnable para los grandes equipos y jugadores de Europa. Derrotando en varias oportunidades al FC Barcelona de Lionel Messi, el Real Madrid de Cristiano Ronaldo, el Bayern Múnich de Pep Guardiola y al Chelsea de José Mourinho.

Fue la piedra angular dentro de un bloque defensivo que lo tendríaa él como esa figura irremplazable. Su buen juego aéreo, en ambas áreas, lo convertiría tanto en una muralla y en un arma ofensiva implacable. Su inteligencia a la hora de posicionarse dentro del repliegue bajo y cuando le tocaba colocarse en campo rival cuando al Atlético le tocaba atacar, su velocidad para corregir diferentes acciones e ir banda para hacer coberturas a sus compañeros y su solidez en los duelos individuales, donde sería impasable ante los nombres propios más importantes de la actualidad, lo transformarían en uno de los mejores centrales del mundo,  compitiendo mano a mano con nombres como Sergio Ramos, Gerard Piqué, Giorgio Chiellini, Leonardo Bonucci y Mats Hummels. Manteniéndose en el tiempo en un tope competitivo bestial.

Su presencia imponía seguridad y le daba sentido al discurso de Simeone, porque el definía lo que el entrenador argentino pregonaba. Esa capacidad de competir en cualquier contexto y de nunca bajar los brazos. Godín llegaría a Madrid como un central con proyección y se va como uno de los mejores en su posición, y dejando su nombre en la historia del conjunto colchonero como uno de los mejores de la historia del club. El bastión de uno de los proyectos más fuertes del balompié europeo.