Publicada el 10/05/2019

Aunque sea Olimpia quien domine el campeonato paraguayo, Cerro Porteño clasificó a octavos de final de la Copa Libertadores con mucha más contundencia que su archirrival. Cuatro años luego de aquel batacazo con Guaraní, Fernando Jubero parece que ha conseguido consolidarse nuevamente en un club del país en el que el técnico español se ha naturalizado. Su destacada participación en la fase de grupos del torneo continental merece una mirada analítica

Si hay un aspecto en el que el ciclón de barrio obrero se destaca es en el juego aéreo. Puede sonar cliché tratándose de un equipo paraguayo. Pero no es azaroso, menos si mencionamos que el “9” del equipo es el poderoso Haedo Valdez. Por las características de la plantilla está para aprovecharlo (a él y a Joaquín Larrivey) y su modelo, también.

Una condición que los de Jubero no negocian es la de dominar las acciones. Cerro quiere el balón. Y lo quiere para desplegarse en cancha en cancha rival, sobre todo jugando en Defensores del Chaco.

Inicia las jugadas con los centrales. Puede llamar la atención que se presione poco su salida, esto responde a que ubica tantos efectivos en cancha rival que obliga al repliegue. Ese es protagonismo deseado. Y en caso de presión alta, los pases profundos de Juan Escobar o Marcos Cáceres están contemplados, por las ventajas del juego aéreo. Los puntas son muy buenos pivoteadores, y los volantes por afuera están atentos a ser los primeros en recibir estas descargas.