Publicada el 30/04/2019

Son pocos los equipos que han conseguido frenar por completo a Lionel Messi durante un partido o una eliminatoria. Los que lo han logrado, y muchos otros que han fracasado, han tenido que realizar planteamientos fuera de lo normal con la intención de frenarle. Unos idean planes para que no tenga participación, es decir, que no reciba con comodidad o si lo hace que tenga un jugador cerca que no le deje maniobrar con facilidad y otros para que la tenga, pero lejos del área.

Independientemente de donde la reciba, va a tener a un rival vigilándole de cerca. Sin embargo, más allá de cuál sea la idea, cada vez que un contrario enfrente al “10” culé, es necesario modificar sistemas, intensiones y realidades, porque su sola presencia, participación e intervención en el último tramo termina cambiando un partido.

Ante eso, y contra rivales que han logrado quitarle participación y relevancia al argentino durante el partido, el FC Barcelona cuenta con la presencia de Luis Suárez, que, pese a no tener el mismo impacto dentro del área rival y no estar en su mejor estado de forma futbolístico, se ha convertido en un atacante completo que puede detectar por sí mismo las fisuras dentro del planteamiento del contrincante y usarlos para beneficio propio y para de su conjunto. El uruguayo se ha caracterizado en su tiempo en Cataluña por ser quien potencie a Lionel Messi en ese último tramo de la cancha, quien le genere los espacios, quien le limpie la zona de rivales y quien va al choque cuando él no quiere hacerlo. Pero, más allá de eso, su aporte táctico se ha especializado en detectar los huecos argumentales que tengan los planteamientos anti-Messi y atacarlos para que, a su vez, el argentino se libere del mismo o forzando al rival a cambiar de idea.

Un ejemplo claro se vio ante el Manchester United en el Camp Nou, por los cuartos de final de la presente Champions League, donde Ole Gunnar Solskjaer utilizó a Ashley Young, lateral izquierdo, en el costado de Lionel Messi y le ordenó perseguirle por todo el terreno de juego hasta que este se fuera hacía el otro costado. Dentro de ese ajuste, los ingleses dominaron los primeros compases del partido, donde estuvieron a punto de empatar la eliminatoria con un tiro al poste de Marcus Rashford.

Pero, después de esos minutos iniciales, aparecería la figura de Luis Suárez, que, entendiendo que Young perseguía al argentino dejando el costado izquierdo solo, atacaría constantemente ese costado apareciendo como un extremo y dejando que Messi tuviera un punto de partida centrada. Con el uruguayo cayendo ahí, Young no tenía la misma libertad para perseguir y tendría que mantenerse en su zona. Después de eso, el argentino anotaría dos goles y terminaría decantando la eliminatoria.