Publicada el 28/04/2019

Para Gustavo Quinteros, el reto de Universidad Católica es de peso. El actual campeón de Chile venía jugando un fútbol que marcó la pauta bajo la dirección técnica de Beñat San José. El entrenador español tuvo como ventaja la ausencia de competiciones internacionales. El plazo de una semana para preparar cada encuentro, sumado al cambio de formato competitivo (de semestral a anual) fueron clave para quitarse del camino a un Colo Colo que llegó a cuartos de final de Copa Libertadores.

El ex entrenador de Ecuador no tiene tal suerte. Debe competir en la Libertadores. Como su plantel no fue desmantelado, puede hacer la transición de la idea de juego del entrenador anterior a la suya mediante la periodización táctica.

Defensivamente, el dibujo puede verse como un 4-1-4-1 o un 4-3-3. En ese sentido, cuando el rival inicia el juego desde el fondo, no suele haber una presión colectiva. Solo cuando el rival demora o hace un pase hacia atrás en su propio tercio de la cancha. El fútbol sudamericano es terreno abonado para salir jugando sin conseguir acoso inmediato. Los cruzados no son la excepción.

Ya en la mitad de la cancha el comportamiento defensivo cambia. Si bien el punta (sea Riascos o Sáez) participa poco, los volantes externos pueden llegar a espaldas del poseedor del balón para ir al duelo. Énfasis en el cruce a espaldas del conductor, para poder tomarlo fuera de su rango de visión. Sin embargo, los apoyos hacia adentro están permitidos. Al igual que los anticipos de los laterales (Magnasco y Cornejo, ambos muy agresivos en los anticipos).

Un equipo que domina un concepto sabe ejecutarlo en una fase del juego. Pero también sabe tomar buen resguardo del mismo cuando es el rival quien lo cumple. Gremio buscaba estirar la última línea defensiva cruzada para que aparezcan espacios interiores. Pero los chilenos saben que sumando elementos en repliegue alrededor de la línea puede neutralizar el “estiramiento” inducido. Se termina observando una distancia entre el jugador de Gremio más escorado al otro es menor a la de los universitarios. Precisamente porque Quintero ha introducido ese patrón en su modelo de juego.

Aunque sea difícil poder atacar con un sistema de base 4-3-3 sin correr el riesgo de quedar expuesto en el fondo, el sacrificio defensivo del tren defensivo (que en este caso son los cuatro zagueros y tres volantes) es notable. Físicamente, entra aquí el mérito al preparador físico, la plantilla se encuentra en un momento en la que responden con creces ante un retroceso exhaustivo. Mención especial para Luciano Aued, de gran recorrido en cada partido. Si bien padecen transiciones rivales, es común que sea en superioridad numérica.

Contrario a la gestión de San José, la salida rasa que ofrece Matías Dituro no es aprovechada por la versión Quinteros. El meta argentino más bien se dedica a dar reinicio de juego. En varias recuperaciones, cuando la superioridad numérica no apremia, juegan hacia atrás para poder reordenarse. Buscan avanzar juntos. Por eso se apoyan con recorridos a distancia para que el desborde rival sea más fácil.

La agresividad de Magnasco y Cornejo para jugarse el físico (la liga chilena es una de las más agresivas en los duelos físicos) no es su mejor atributo. Sino la de desdoblar para darle un apoyo a las triangulaciones por fuera con las que buscan hacer daño en la mitad de la cancha. Es importante que los marcadores de punta se sumen a la dinámica ofensiva justo cuando nace la triangulación final hacia el área. Incluso cuando Fuenzalida espera abierto el cambio de frente, ya Magnasco está iniciando su carrera para complementar.

El 4-3-3 es un dibujo base que prima los triángulos. Pero al tener dos líneas de tres en diferentes alturas, habla de un equipo que se expande y tiene presencia en los dos costados. Por eso la finalización más común es el centro. Bien sea con el lateral llegando como hombre libre por la banda o con uno de los extremos. Pero cumpliendo con el concepto de amplitud. U Católica suma varios efectivos entre el lateral que centra y extremo en el costado débil, precisamente para ensanchar la zaga rival y que aparezca un espacio para un finalizador. El gol de Sáez a Gremio es quizá el mejor ejemplo de un gol labrado a fuerza de amplitud

El fútbol de contra es quizá la única constante ofensiva de cada equipo. Desde el planteamiento más conservador al más arriesgado, se contempla. Lo hace el Ajax de Ten Hag y el Atleti de Simeone. La particularidad de los cruzados es que usa a tres efectivos: los extremos y el punta. Como el rival siempre descuelga un lateral en ataque, Fuenzalida y Puch están harto atentos a ese dejo para ser quienes reciban el primer pase de la contra. A partir de ese espacio, la rapidez para finalizar apremia. En varias ocasiones con igualdad numérica con la zaga rival y con jugadores con experiencia para materializar la dinámica ofensiva.

Por ahora Católica está jugando un fútbol fácil de entender si dominamos el concepto de amplitud. Es el mismo que Josep Guardiola usa para poder conseguir espacios para atacar a equipos que se comprimen defensivamente en el último tercio. De a poco, los entrenadores de los grandes equipos sudamericanos se van poniendo al día con las tendencias tácticas de los mejores jugares de Europa. En casi todos los casos, quienes los interpretan mejor son los que ven la tabla de posiciones desde la cima.