Publicada el 12/04/2019

Aunque el partido comenzó justo como lo precisaba Kansas, no se dio esa tragedia defensiva en el rival como para torcer una ventaja de cinco goles. Más que un partido de vuelta de semifinal, fue una disputa divertida para el observador neutro, lleno de errores y con dos equipos que tenían poco más que agregar a un desenlace cantado desde la ida.

Podemos hablar de las virtudes ofensivas y de dominancia de posesión de los dirigidos por Vermes, pero el gol de Funes Mori en el 1-1 revivieron los fantasmas del partido en México. El ariete ex River Plate fue la punta de lanza en el 4-1-4-1 de sus compañeros; el único sin responsabilidades defensivas. Pero eso no justifica lo descuidado que queda ante Melia. Una desatención en un saque de banda impermisible para cualquier competencia internacional. Este tipo de errores justifican por qué un cuadro tan bien pensado para competir no termina de imponerse.

Porque colectivamente, Sporting Kansas City tiene desplazamientos interesantes. Si llega a la mitad de la cancha asociándose en un rombo, para abultar un costado, agrupar al rival en esa zona y luego jugar con el volante ofensivo en el flanco débil. Así fue como Gerson Fernandes consiguió el espacio para definir el 2-1 que daba momentáneas esperanzas a los locales.

Ahora, defensivamente, los regiomontanos sabían que el retroceso de la zaga rival era pobre. Quizá tenía que ver con el despliegue de un 2-3-2-3 que de no ser correctamente interpretado puede desembocar en deficientes repliegues. En el gol de Rodolfo Pizarro hay tres de los cuatro defensas que es vencido en su posición. En parte por retroceder ante el peligro de la jugada y otro tanto por no saber cómo apoyar a sus compañeros.

Para el escocés Russell hay un comentario. Un aspecto de su juego está en las directrices que pueda recibir desde el banquillo en cuanto a lo táctico. Pero hay otro matiz que tiene que ver con su espíritu de lucha. En los duelos, en el juego aéreo, a la hora de penetrar un espacio libre para recibir. En todo su accionar se mostró una voluntad sin parentesco en sus similares estadounidenses. Como si fuese él el único elemento en que jugaba como si la remontada era posible.

Aunque en el fútbol no hay espacio para nombradías, en el juego se notó que la distancia cualitativa entre una oncena y la otra. Incluso hasta comparando los nombres de los banquillos. El gol de tiro libre de Miguel Layún, un mexicano internacional, que jugó hace casi un año en Rusia, dio un destello de categoría con un tiro libre tan soberbio. Tan soberbio como que esa sea la vía para un octavo gol a favor en 180 minutos. En promedio, Monterrey anotó cada 20 minutos. Una estadística para entender lo superior que fue.

Para Monterrey el partido fue una muestra de competitividad a tomar en cuenta. La final será ante su rival citadino en una ocasión históricamente sin precedentes. De modo que será una llave con condimentos distintos a esta. Sin embargo cabe a resaltar la entereza a la hora de marcar un gol después de otro, se trate del primero al segundo o del noveno al décimo.