Publicada el 11/04/2019

Tigres firmó su clasificación a la final de la Concacaf Liga de Campeones pese a perder el partido de vuelta 3-2 ante Santos Laguna. Los del Ricardo Ferretti finalizaron una eliminatoria que terminaron encaminando en casa y que terminaron de sentenciar con un gran primer tiempo como visitante donde con una gran performance de Enner Valencia y Julián Quiñones en ataque, no le dieron oportunidad a los dirigidos del Rubén Duarte para reponerse.

Con el resultado a favor, El Tuca alineó su clásico 4-2-3-1 con Nahuel Guzmán bajo los tres palos por detrás de Luis Rodríguez, Hugo Ayala, Carlos Salcedo y Jesús Dueñas. En la primera línea de volantes utilizó al argentino Guido Pizarro y al brasileño Rafael Carioca, quienes organizaron al equipo tanto con pelota como sin ella,  organizando posicionalmente a los cuatro atacantes (Julián Quiñones, Eduardo Vargas, Luis Quiñones y Enner Valencia), quienes jugaron con libertad para intercambiar alturas y demarcaciones cerca del arco rival.

Por otro lado, Rubén Duarte formó con un 4-4-2 con Jonathan Orozco bajo los tres palos. Una línea de cuatro conformada por Javier Abella, Hugo Nervo, Gerardo Arteaga y Hugo Rodríguez. Por delante de ellos Diego Valdés, Marlos Moreno, Brian Lozano y José Juan Vázquez,  responsables de asistir y hacerle llegar la pelota en ventajas a Julio Furch y Javier Correa.

Pese a hacerse fuerte en las transiciones, Tigres demostró una gran capacidad, a diferencia de la ida,  de dominar el partido con un buen manejo de la pelota y, aprovechando una línea defensiva adelantada y desordenada posicionalmente de Santos,  potenciar la velocidad de sus atacantes con pases profundos que penetraban los espacios que se generaban entre los centrales y laterales. Sin necesidad de esperar cerca de Guzmán, Ferretti organizó un bloque defensivo que pudiera solventar diferentes escenarios ofensivos del rival y un ataque que, entendiendo como defendía el contrincante, pudiera vulnerar los puntos débiles del rival.

Con el 0-2 en la ida (0-5 en el marcador global) los visitantes replegarían líneas. Entenderían que el partido, pese a todavía quedar más de la mitad, tenía que manejarse con inteligencia, sin tomar decisiones que pudieran comprometer tanto el desarrollo como el marcador,  aunque este último sonaba complicado. Ni siquiera la anotación de Julio Furch, a cinco minutos del final de la primera mitad, inmutó a unos Tigres que confiaban en el planteamiento de su entrenador.

En el comienzo de la segunda mitad, Duarte movería el banquillo con la intención de maquillar el resultado y poder darle vuelta al mismo. Colocando a Jesús Angulo por Marlos Moreno, entregándole mucha más velocidad y creatividad al ataque. Pero, pese a eso, Tigres seguía dominando el encuentro hasta que, después de un tiro de esquina, Furch anotaría el 2-2. En uno de los mejores pasajes del encuentro, Santos se encontraría con los caminos para anotar los goles y comenzar a achicar el marcador. Ahí nacería el 3-2 final, después de un error del Patón Guzmán en la salida en un centro de Diego Valdés.

Los felinos, pese a perder un partido dominado ampliamente, sellaron su pase a la final. Por otro lado, Santos se despidió de la competencia con la sensación de que no compitieron en ningún momento de la eliminatoria ante un rival ampliamente superior y que dominó, de múltiples maneras, varios pasajes del juego. Demostrando los mecanismos para hacer daño desde las transiciones o desde el manejo de la pelota. Un Tigres asentado que tiene una nueva oportunidad de coronarse a nivel continental.