Publicada el 10/04/2019

La Champions League de la temporada 17/18 fue muy cruel con Mauricio Pochettino. Su Tottenham se observó superior ante el Borussia Dortmund y el Real Madrid en fases de grupos, donde terminó ganando prácticamente todos los partidos menos uno que lo empató con el conjunto español en el Santiago Bernabéu. Sin embargo, quedó eliminado en los octavos de final contra la Juventus.

Ahora bien, en la 18/19, pasaron a los octavos de final tras haber acabado con un punto la primera vuelta de la fase de grupos y con solo dos victorias (ambas con goles en los últimos minutos de cada encuentro) durante los seis partidos. Y a pesar de eso, en el primer encuentro de fase eliminatoria, donde se encontraron otra vez con el Dortmund, lograron demostrar algo muchísimo el equilibrio emocional, que quizás en el pasado no tuviesen, ya que se hubiesen puesto nervioso o desesperado. Como si de las derrotas hubiesen aprendido algo.

Pochettino se mostró como un especialista en noches mágicas de la Champions. Sobre todo luego del descanso del partido de ida ante el Borussia Dortmund en los octavos de final, ya que consiguió el espacio para atacar al conjunto alemán, con el posicionamiento más arriba de Vertonghen, por izquierda, y Aurier, por derecha, para atacar la espalda de los laterales del conjunto de Lucien Favre. Lo logró, ganó 3-0 y superó la eliminatoria con facilidad, para enfrentarse al Manchester City en los cuartos de final, en donde el primer combate también evidenció ese equilibrio emocional.

El técnico argentino dibujaría una especie de 4-2-3-1 en su puesta en escena, con la intención de crear un bloque compacto que presionaría con seis piezas en campo contrario la salida del balón del Manchester City. Harry Kane se encargaría de Aymeric Laporte y Nicolás Otamendi, quien tendría la colaboración de Dele Alli en ciertos instantes, aunque el inglés se encargaría más de tapar a Fernandinho. Mientras que Moussa Sissoko estaría pendiente de İlkay Gündoğan, Harry Winks de David Silva, Christian Eriksen de Fabian Delph y Heung-Min Son de Kyle Walker. Ese sería el plan inicial dentro de un encuentro que rápidamente parecería más un juego de ajedrez que un partido de fútbol por los constantes cambios de cada futbolista.