Publicada el 28/03/2019

Como el buen vino, Luis Antonio Jiménez está viviendo una segunda juventud en su alma mater. “El Mago”, conocido así por la calidad que ha derrochado por casi dos décadas de su debut en las canchas de Primera División del balompié chileno, se ha convertido en una referencia dentro del Palestino de Ivo Bassy, que se caracteriza por su juego ofensivo y por la capacidad que tiene para variar constantemente de sistema para construir oportunidades de peligro, contexto que le favorece plenamente.

Pese a no ser titular, se ha convertido en el bastión principal de los Tricolores en la Copa Conmebol Libertadores, al ser ese referente que, pese a marcar la diferencia desde la experiencia, es determinante desde el juego, demostrando que no ha perdido esa calidad que lo ha llevado a jugar en equipos elite a nivel europeo. Su velocidad mental no ha cambiado.

Como enganche, jugando por detrás del nueve en un 4-2-3-1 o por delante de un trivote en el 4-3-1-2, despunta como pocos en Latinoamérica, jugando siempre cerca de los volantes centrales rivales para descolocarlos y, al recibir la pelota, dinamizar la posesión con un pase habilitador. Sus movimientos, los cuales son silenciosos y en dirección hacia dónde va la pelota, lo ayudan a estar siempre un paso por delante del resto. Manteniéndose fijo en su zona principal de influencia, por detrás del delantero, o yendo a banda para ocupar cuadrantes abandonados por el rival, situación donde se apoya en el contexto y en los desplazamientos de sus compañeros.