Perfil táctico del rey de tiros libres sudamericano



Romulo otero


Por: Diego Sancho (@SanchoDiegoo)

La versión más incipiente de Rómulo Otero no es muy distinta a la del jugador que es hoy. La pegada que lo ha vuelto famoso, su velocidad y sus regates puede que se hayan vuelto más espontáneos. Pero hasta que no tuvo confianza de combinarlos en su juego, parecía un tímido adolescente tratando de hacerse un hueco en el primer equipo del Caracas FC. Era más flaco, usaba una peculiar melena que lo hacía ver más bajo de lo que ya era (menos de un metro setenta)

Todo comenzó con un gol de tiro libre de al menos 30 metros en los minutos finales de un partido ante Llaneros de Guanare. A partir de ahí, su pegada se convirtió en su gesto técnico más reconocible. Convertir por encima de una barrera se volvió su obsesión. Practicaba sus remates luego de los entrenamientos en la cancha de Cocodrilos, lugar donde terminó de formarse junto a un nombre propio de los tiros libres venezolanos: José Manuel Rey.

Ya con la confianza de que su habilidad podía ayudar a sus compañeros, se vio más suelto a la hora de regatear. Se convirtió un elemento que causaba desborde constante. Su entrenador lo ubicó en la banda izquierda siendo diestro y se ahorró la necesidad de buscar un zurdo en el mercado. Los rivales escalonaban su marca y era difícil que no arrancara titular en partidos importantes. Una noche hizo dos goles de tiro libre ante el Deportivo Lara, actual campeón del país, y no parecía pronto para verlo en la selección nacional.

Hay un valor que no se puede analizar en el fútbol. Tiene que ver con la voluntad de querer progresar, hay quienes le llaman hambre. De pronto, Rómulo se dio cuenta de que era pequeño, ligero y cobraba bien las faltas. De modo que empezó a fabricarse sus propias faltas. Como cada vez anotaba desde ángulos cada vez más difíciles, conducía la pelota hasta su zona deseada, regateaba, se tiraba (sea o no infracción) al contacto y desde el cobro depositaba el balón en las redes. Prácticamente hacía los goles solo.                 

En Huachipato padeció del juego brusco característico del balompié chileno. Sufrió una lesión y su reinicio fue lento, tuvo que aprender a asociarse mejor con compañeros con mayor formación táctica. A medida que sus regates comenzaron desbordar y sus tiros libres comenzaban a ser materia de estudio para los porteros rivales, su confianza en el país austral era la adecuada. Ahora con una capacidad asociativa en la que tenía que involucrarse en más triangulaciones, fue considerado uno de los mejores extranjeros de su liga.