Publicada el 14/03/2019

“Más que maquinaria, necesitamos humanidad (…) Ustedes no son máquinas. No son ganados. Son hombres”, expresa Charles Chaplin en el discurso final de la película “El Gran Dictador”. Ahora bien, ¿qué es el hombre? Según la RAE, es un “ser animado racional”. Es decir, el hombre es un ser social, que se encuentra en la sociedad como un hecho natural y que desde los primeros meses de vida inicia un recorrido de generar un conjunto de pautas y patrones para establecer su conducta social y así poder comunicarse y relacionarse. Para también poder ejecutar actividades, como el fútbol.

Pero, como una vez dijo Aristóteles, “el hombre es un animal político”. "Todo es político, también la filosofía o las filosofías, y la única filosofía es la historia en acto, es decir la vida misma”, llega a escribir Antonio Gramsci. Entonces, aunque el fútbol y la política en un principio sean dos antónimos en el que pareciese que no tuviese unión existente, ¿poseen una conexión? Quizás pueda existir porque toda relación social, es una relación política.

Pero entonces, ¿qué es el fútbol? ¿Es un acto político? ¿O es un asunto de negocios? No, la repuesta es simple, es un deporte, que nace del polvo, el caos y la oscuridad, que ha tenido una línea evolutiva que le ha permitido configurar un universo variado de culturas e ideologías, que la RAE a día de hoy lo define como un “juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuyo objetivo es hacer entrar en la portería contraria un balón”. Es decir, es una actividad en la que se juega por entretenimiento o un ejercicio recreativo.

Dentro de un contexto tan caótico y tan contradictorio como el venezolano, el fútbol no había querido parar y se jugaría en un ambiente firmado por los agudos y constantes problemas humanitarios, económicos y políticos que afectarían a la sociedad en Venezuela. Un juego en tiempos intensos. No tendría lógica.

Sin embargo, ¿qué tiene que ver la política y el fútbol en el ambiente venezolano? Hay que entrar en contexto, ya que, el 5 de marzo del 2013, Nicolás Maduro anunciaría en televisión nacional la muerte de Hugo Chávez y pocos días después comunicaría su candidatura a la presidencia de Venezuela, donde, el 14 abril del mismo año, quedaría electo por encima de Henrique Capriles, el otro candidato, por una diferencia mínima de un poco más de 200.000 votos, según estadísticas del CNE.

Venezuela empezó a caer en picada, como cuando un coco cae de una palmera. Se convirtió en el país con la inflación más grande en el mundo. En octubre del 2018, el Fondo Monetario Internacional (FMI) previó una hiperinflación de más del 10.000.000% para este 2019. Además, según un reportaje de El Comercio (Perú), más de cuatro (4) millones de venezolanos decidieron emigrar desde la elección como presidente de Nicolás Maduro.

Pero, ¿qué tiene que ver la política de Nicolás Maduro con el fútbol venezolano? El nexo existe debido a que el segundo vicepresidente de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF), es decir, Pedro Infante, es el Ministro del Deporte de la gestión del sucesor de Hugo Chávez. De igual manera, esa conexión no nace ahí, sino que nace desde antes, a partir del periodo presidencial de Chávez.

A partir de ahí, comenzaron a eliminar patrocinantes privados, como el caso Polar. Y PDVSA (empresa petrolera del país) se convirtió en el sponsor principal de la FVF. Además, los gobernantes eran los mismos dueños de los equipos de sus estados. Asimismo, la delincuencia en el país se ha desbordado tanto, que hasta los mismos equipos de fútbol, han sido víctimas de la delincuencia. En su momento, Trujillanos Fútbol Club, en el 2016, luego de jugar un partido ante Monagas, fue víctima del hampa, cuando se disponían de regreso a casa, debido a que los jugadores fueron despojados de sus pertenencias. En el 2018, Angostura FC volvió a sufrir lo mismo que los guerreros de la montaña, fueron atracados en la carretera. 

Ahora bien, en el 2014, comenzarían las protestas en contra del régimen de Maduro, en la cual dejaría un saldo de 43 muertos, 878 heridos y 3.351 detenidos. En medio de la desaprobación por parte de la sociedad venezolana por los problemas que sufriría –y que sufre a día de hoy en mayor consecuencia– el país, se jugaría la jornada 7 del Torneo Clausura del fútbol venezolano, debido a que los dirigentes de la FVF querían jugar como si nada estuviese pasando en Venezuela.

Ciertos jugadores de Mineros de Guayana, que para ese entonces tenía una de las mejores plantillas del país (Alejandro Guerra, Angelo Peña, Luis Vallenilla, Ricardo David Páez, Rafael Romo, Andrés Rouga, Sema Velázquez, Edgar Jiménez y Richard Blanco), se negarían a jugar por la situación. Así que la FVF autorizó a los equipos alinear a jugadores Sub-20 para que se jugara la jornada sin ningún problema. Mineros terminaría perdiendo 3-0 ante Llaneros de Guanare.

"Ninguna directiva nos apoyó. Fue un acto solamente de los jugadores. Ellos decidieron poner a jugar a los juveniles. Las directivas nos presionaban por ir a jugar, pero la decisión fue clara y aguantamos la presión. Todo eso ocurrió por las protestas, no había garantía en el país para trasladarse y jugar esa jornada hasta que la situación mejorara. Nadie estaba entrenando, porque las calles estaban bloqueadas. Realmente hicimos eso buscando seguridad, no solo para nosotros, sino para todos", declararía Ricardo David Páez, quien era jugador de Mineros de Guayana.

En el 2017, se volviaría a desatar las protestas en contra de Nicolás Maduro en todo el país, en este caso, los muertos, heridos y presos aumentaron (extraoficialmente 163 muertes). Y el fútbol también sería protagonista, hasta en competiciones internacionales, ya que, por ejemplo, Estudiantes De Caracas jugaría la Copa Sudamericana, donde recibía a Sol de América y mientras el partido se disputaba en el Olímpico de la UCV, a las afueras del estadio había fuertes manifestaciones.

Los jugadores del fútbol venezolano alzaron su voz y lograron llevar a cabo la iniciativa de realizar un minuto de silencio por los caídos en las protestas antes de los partidos, los cuales nunca fueron autorizados por los delegados de la FVF. Luego del pitazo inicial del árbitro, los jugadores en diferentes momentos se quedaron un minuto sin moverse. Siendo solidarios con los venezolanos que perdieron a sus familiares en las calles. “Lamentándolo mucho, nos toca hacer nuestro trabajo. Digo lamentándonos mucho, porque es difícil concentrarse cuando afuera nos están matando gente, porque los que tienen las armas son ellos”, declaró Carlos Rivero.

Y en el año actual (2019), también en la jornada 7, pero del Torneo Apertura 2019, ocurriría algo similar a lo ocurrido en el 2014. El país sufría un apagón nacional, donde todo el territorio venezolano se quedaría por más de 100 horas sin energía eléctrica (en algunas zonas más tiempo y en otras menos). Pero, a pesar del contexto, la FVF exigía que se jugaran los partidos. La desidia y el desespero estarían arropando a la sociedad en Venezuela. Sin embargo, en esta ocasión el guion de la “película” cambiaría y el acto emotivo lo protagonizarían los jugadores del Caracas FC y Zulia FC.

Los futbolistas de cada equipo saltaron al campo a disputar el compromiso con total normalidad, pero, cuando el árbitro principal pitó el inicio el partido, los jugadores de ambos conjuntos, decidieron mantenerse los 90 minutos pasándose el balón entre ellos, sin hacerse daños. Es decir, decidieron no disputar el compromiso. Y el encuentro se registró como un 0-0.

“Las condiciones no estaban dadas para jugar un partido de alto riesgo. No había luz, no había agua, no había hielo. Los jugadores del Zulia tenían 4 días sin dormir ni comer bien. Teníamos que ser solidarios con lo que estaba pasando en las calles. Todos tenemos familiares que la están pasando bastante mal, tomamos una decisión que pensamos que fue justa y correcta, sin ganas de tomar algún bando político, simplemente cuidando nuestra integridad. Vimos la necesidad de ambos equipos, era una situación insostenible, no teníamos señal. Todas las personas que estaban en el estadio, se quedó ahí con un aplauso de sinceridad, de corazón. Agradecemos a los cuerpos técnicos y directivos, el partido se jugó, hubo cambios, hubo el Cooling Break, hubo saque de bandas, se hizo de todo”, comentaría Ricardo Andreutti, jugador del Caracas FC.

El 11 de marzo del 2019, varios clubes de Primera División de Venezuela hicieron saber a la opinión pública, a través de distintos comunicados, que le pidieron, tanto a la FVF como a la Liga FUTVE, suspender las actividades futbolísticas en el país hasta que se mejore el sistema eléctrico. Y al día siguiente (13 de marzo), la FVF comunicó la suspensión de todas las actividades programadas.

Estamos antes un deporte que abarca todo, que puede servir para denunciar el racismo, que puede hablar de la exclusión de la mujer y que puede ser un arma tanto de negocio como de política. Pero, no hay que olvidar qué es, es decir, un juego, que, como dijo algún día Jorge Valdano, “es lo más importante entre las cosas menos importantes”, que tiene su propio universo, pero que en ocasiones se intenta acerca o conectar con el mundo real y ahí está el error. Chad Harbach en “El arte de la defensa” la llega a definir como “una actividad en apariencia sin sentido, llevada a cabo por personas con aptitudes especiales, una actividad que escapaba a todo intento de quienes pretendían definir su valor y sin embargo, de algún modo, parecía transmitir algo verdadero o incluso fundamental sobre la condición humana”. Se termina suspendiendo las actividades futbolísticas en Venezuela, pero va a quedar para el recuerdo, tanto la jornada 7 del Clausura 2014 como los partidos del Torneo Apertura 2017 como la jornada 7 del Apertura 2019. Una mancha más para un “juego” que se debe tomar como “entretenimiento” y no se hace.