Publicada el 12/03/2019



Olimpia comenzó la defensa de su bicampeonato en este 2019 de la mejor manera, con un arranque letal de 7 victorias y 2 empates  en nueve partidos del campeonato paraguayo, a los que les podemos sumar una igualdad como visitante en su debut en la Copa Libertadores.
El “Decano” mantuvo la base del plantel exitoso del año pasado y sumó algunos nombres que reforzaron el equipo y le dieron una mayor jerarquía pensando también en ser competitivos a nivel continental. Tales son los casos de los uruguayos Alejandro Silva y Tabaré Viudez, que prontamente se ganaron un lugar importante.
La propuesta diseñada por el DT argentino Daniel Garnero es bien clara, su equipo apuesta siempre a la posesión de la pelota y a la construcción colectiva de los ataques mediante el juego de posición, sin importar la localía. Es una propuesta que está bien trabajada y que con el correr de los partidos se ha ido asentando hasta transformarse en una marca registrada.
La posesión es el camino elegido
En un principio, el dibujo desde el cual parte el cuadro franjeado es un 4-4-2, pero al tener la pelota el esquema varía a un 3-5-2 con un mediocampo bastante poblado escalonadamente, buscando posicionamientos triangulares que faciliten la circulación de la pelota.






Los avances arrancan con salidas lavolpianas, en las cuales Richard Ortiz retrocede para meterse entre los centrales y los laterales se proyectan inmediatamente al ataque, brindando amplitud. En el eje medio permanece Richard Sánchez, uno de los jugadores más destacados, siendo el pivot de los avances y permitiendo el equilibrio necesario a la hora de las transiciones defensivas.






Otro de los nombres importantes es el de Alejandro Silva, quien ocupa la posesión de interno por la derecha y desde allí conduce con buena técnica y se asocia con las subidas de los laterales. Arriba, Mendieta actúa como un media punta con llegada al área y agilidad para ocupar los espacios ofensivos, mientras que Roque Santa Cruz es la referencia ineludible para cada finalización, el delantero de 37 está muy bien físicamente y aún atesora la calidad que lo llevó a jugar durante años en Europa.
Con esa distribución territorial, Olimpia se torna ancho y largo, procurando utilizar la mayor cantidad de espacios posibles para generar situaciones de peligro. Mayormente se producen los ataques por los costados, preferentemente la derecha, culminando en centros punzantes. Y otra de las variantes es activar la circulación del balón de un lado al otro, con velocidad y precisión, logrando filtrar la basculación rival y dejar a algún jugador en posición de finalización.







Vale decir que estos procedimientos a veces les resultan inofensivos, puesto que ante rivales bien replegados y en postura de espera en su propio campo, la tenencia por momentos se vuelve reiterativa y los espacios se les cierran, dejando al equipo sin profundidad.
Como mencionamos líneas arriba, uno de los puntos centrales del conjunto paraguayo es el doble cinco de Ortiz-R. Sánchez. Ambos se distribuyen el pasillo central de forma alternada y desde allí conducen al equipo, Ortiz saliendo desde el fondo con mucho criterio y Sánchez dinamizando las progresiones con pases a los sectores externos o envíos verticales a los delanteros, preparando una segunda jugada.
La paciencia y pausa con la que se gestionan los ataques generalmente, se contraponen con las intenciones en las transiciones ofensivas. Allí, los dirigidos por Garnero intentan responder de forma veloz, con pelotas a los costados para herir por allí a sus contrincantes. La verticalidad se vuelve importante para ejecutar estas acciones y son factibles al tener jugadores como Mendieta, Viudez, Camacho, etc., que pueden imprimir esa explosión necesaria.






Repliegue y orden como premisa
En función defensiva, Olimpia no es un cuadro que elija ejercer la presión alta continuamente, sino más bien replegar sus líneas hasta las cercanías de su área y allí intentar la recuperación. Por eso se observan transiciones más bien lentas, apostando a la temporización sobre los poseedores de la pelota para ayudar al retroceso de los jugadores.
Pero en ocasiones ese ritmo de repliegue no es suficiente, sobre todo por cierto rezago de los volantes internos y los delanteros, lo cual les presenta un inconveniente a Ortiz y R. Sánchez que se encuentran en inferioridad numérica.




Más allá de eso, cuando el “Decano” pierde la pelota vuelve a su dibujo 4-4-2, priorizando ser estrechos aunque no achicando del todo sus líneas verticales. En consecuencia, se producen espacios por los costados y también a las espaldas de los volantes centrales, que si son bien aprovechados por los rivales, les pueden traer dolores de cabeza. Y en términos aéreos, hay intermitencias en la solidez defensiva. En ocasiones, los centros llovidos o incluso las pelotas paradas les traen problemas, pues los rivales ganan en los saltos o se producen descuidos en las marcas, que liberan a algún jugador.









En la zaga central podemos ver usualmente a Leguizamón y Arias. Ambos ofrecen bastante seguridad, capacidad de anticipo, rigidez en los mano a mano y además colaboran en las salidas. Empero, hay jugadas en las que se desconectan y los dañan con diagonales que rompen su posicionamiento. Más teniendo en cuenta que por las propias características ofensivas del equipo, suelen ubicarse en sectores altos de su campo y se alejan bastante del arquero Aguilar.
A propósito, el guardametas es otro de los puntos altos del cuadro asunceño, pues presenta sobriedad y buenas reacciones, además de trabajar bien los achiques de espacios en situaciones de 1x1. Con él, la defensa está respaldada, lo cual es fundamental para cualquier conjunto que intente dar pelea en algún torneo.




La gloria continental
Amplio para atacar, estrecho para defender. Aliado de la pelota y con una efectividad notable, Olimpia se posiciona en este 2019 como un cuadro prácticamente inexpugnable en el ámbito local y que ahora va por los laureles sudamericanos.
Es que sus 3 copas Libertadores en las vitrinas lo vanaglorian y enorgullecen de ser el único equipo de su país hasta el momento en haber alzado ese trofeo. Pero los de Garnero van por más, quieren recuperar ese lugar continental que siempre los ha tenido como uno de los más grandes y ganadores. Ya pasaron 17 años desde la última copa (2002) y 6 desde su última final, que perdió con Atlético Mineiro por penales (2013).
Por eso, el bicampeón paraguayo apuesta fuerte a este 2019. Con el sueño intacto. Y la confianza que le da un rodaje envidiable.