Publicada el 18/02/2019

Al estudiar las empresas surge un concepto importante conocido como “benchmarking”, el cual tiene como idea principal que los gerentes mejoren el desempeño de la industria a través de un proceso en el que analizan y copian los métodos de los líderes en diversos campos. Es decir, para mejorar se debe aprender del mejor, por lo que se observa sus técnicas y movimientos. Así ocurre en el fútbol. Si un equipo gana mucho, se le intenta imitar. Algo lógico, porque los ganadores marcan la tendencia.

El ejemplo perfecto en este deporte que conocemos como fútbol en los últimos años es el FC Barcelona de Josep Guardiola, quien es un técnico educado por la idea del juego de posición, que es un estilo que se ha construido en el equipo español desde la llegada al banquillo de Johan Cruyff (1988-1996). Después ese modo de jugar se perfecciona con Louis Van Gaal (1997-2000 / 2002-2003) y Frank Rijkaard (2003-2008).

Sin embargo, el juego de posición no es una idea empleada por un conjunto, sino que es un estilo que a lo largo de los años se le ha observado en distintos equipos como la Hungría de los años 50, la selección brasileña del 1970 y de 1982, la Francia de Platini, el Ajax de Van Gaal y muchos más.

En definitiva, el juego de posición se trata de una idea en la cual un equipo no se ordena con el balón para pretender tener la posesión, porque eso es una simple herramienta. El objetivo es dominar el espacio. La intención principal es pasarse el balón en zonas cercanas para después dar un pase a un hombre libre alejado. Es decir, no se juega a pasar por pasar, sino se pasa para ofrecer ventajas y así mejorar las posibilidades de intervención de las siguientes piezas. Y para dicha ejecución es necesario dominar el concepto de saber cuándo y dónde tocar y conducir.

No se le debe asociar con el juego de posesión, porque aparte de tener una mínima diferencia lingüística, la cual provoca una transmisión de las definiciones que no son las correctas, estimulando una interpretación alejada de la realidad, hay una oposición a nivel futbolística. La puesta en escena de ambos “modelos” es diferente. En el juego de posición importa la calidad de los pases y no los porcentajes de posesión.

En la puesta en escena, cada futbolista debe estar en diferentes alturas para ir creando líneas de pase. Por ejemplo, una de las intenciones fundamentales del juego de posición es ofrecer amplitud, ya sea con el extremo, con el lateral o cualquier otra pieza. En el caso de laterales y extremos, ambos tienen que estar en distintas zonas para que aparezcan tanto pasillos interiores como exteriores.

No existe juego de posición cuando no hay líneas de pase habilitadas por delante, porque no se consta de hombres libres que se puedan convertir en receptores que si reciben el balón van a estar sin oposición de marca y van a disponer de espacio-tiempo para generar nuevas cosas.

Ahora bien, en un hipotético caso, si un futbolista recibe de espaldas a la presión y mal orientado (sin espacio-tiempo), en donde no puede seguir generando ventajas. Entonces, ¿está bien ese pase? ¿Por qué no se juega en largo si en corto se acelera la pérdida en una zona dañina? En este tipo de modelo de juego no se juega a pasar por pasar. El juego de posición no significa tampoco tener que jugar siempre por abajo, se puede enviar en largo, pero debe tener un sentido que provoque una situación favorable.

Además, es un modelo de juego que no se basa en poseer un sistema de juego en específico. No es tan importante si en la puesta en escena se utiliza un 4-3-3 o un 3-5-2, ya que al final termina siendo un número telefónico, el cual puede ayudar al periodista, al aficionado o al rival a tener una idea de cómo está parado en la cancha un equipo. Hay ciertos parados que quizás puedan favorecer el juego de posición, pero no es la base del mismo.

El fútbol es caos. Entonces, durante un partido puede cambiar el parado táctico. Lo fundamental es saber controlar ese desorden para dominar algunos conceptos que permiten la aparición de hombres libres o la creación de superioridades para así poder superar líneas de presión rival.

El balón no se mueve por mover, sino que la circulación de banda a banda se hace para desordenar al rival, con la idea de atacar con ventaja el lado débil. Los pases tienen un sentido: eliminar rivales. Y además, un futbolista que no interviene en la acción, puede estar facilitando contextos en el otro lado que se encuentre el balón, permitiendo así que se pueda tocar. Para así generar situaciones de superioridad, tanto numérica como posicional.