Publicada el 10/02/2019

Venezuela fue una de las selecciones más irregulares durante el Sudamericano Sub-20 2019. Fueron de más a menos. Sin embargo, tuvieron piezas que dentro de esa irregularidad pudieron mantener su ritmo y su juego. Entre ellos, Pablo Bonilla, que, dentro del 4-3-3 en la puesta en escena de Rafael Dudamel, jugó en su posición natural, es decir, de lateral derecho, donde ofreció distintas variantes. 

Bonilla es un futbolista que no posee muy buenas capacidades técnicas. Presenta ciertos fallos ahí. Siendo muy irregular, ya que en ciertos momentos tiene conducciones, controles o toques que no son limpias. Pero dentro de todo, puede llegar a controlar esos detalles, sobre todo al momento de desplazar el balón.

Tiene una muy buena capacidad para conducir el balón, la cual le permite superar rivales en su cambio de ritmo. Sabe cómo acelerar para dejar atrás al contrario, tanto en la salida del balón, siendo una opción para instalarse en campo rival, como también en zona de extremo para desbordar y profundizar –aunque por momentos acelera y desacelera, dando una pausa para complicar y confundir al futbolista del otro equipo–.

Ahora bien, ese instante de desacelerar durante la aceleración le sirve en instantes que busca pausar y tocar, pero cuando centra al área rival intentando conseguir a algún compañero, no logra realizar de manera constante envíos limpios. La mayor parte de sus buenos centros llegan estando fijo (estático).

Además, presenta una muy buena lectura de juego, no solo al instante de atacar espacios en conducción activando su cambio de ritmo, sino también en fase defensiva para poder anticipar pases del contrario y así poder recuperar el esférico para salir rápido al ataque.

Durante el Sudamericano, consiguió demostrar una mejora al instante de defender los 1 vs. 1 en defensa. Sin embargo, fue muy irregular en esa faceta. Algo constante en él. Mejoró porque demostró un mayor nivel de concentración al enfrentar al rival. Pero, siguió viéndose lento al reaccionar ante el movimiento de su adversario.

Asimismo, otro de los detalles del venezolano es a nivel físico, ya que a veces falla al instante de chocar en el cuerpo a cuerpo a su contrario, tanto para sacarse una ventaja en fase ofensiva como también al momento de intentar cortar y recuperar el balón.

Por último, es un lateral con mentalidad ofensiva, pero, dentro de la idea de su selección, no se proyectó al ataque ofreciéndose de manera fija en la banda, sino apareciendo por sorpresa desde atrás o conduciendo el balón, lo que le ha permitido no sufrir ataques a sus espaldas y se ha visto mejor posicionalmente.

La inteligencia de Bonilla le permite ser un futbolista con un buen posicionamiento, tanto cuando su equipo tiene el balón como cuando también no lo posee. Y eso le posibilita anticipar acciones, sin una capacidad de reacción alta como demuestra en los 1 vs. 1, donde evidencia cierta lentitud al entender qué va a hacer su contrario. Su mayor fortaleza llega al atacar, sobre todo al cambiar de ritmo en conducción. Ahí logra ser un jugador diferente.