Publicada el 3/02/2019

Hace unos meses salió en las redes sociales un video en el que se le hacía apología al señor Óscar Ortega. Se mostraba al asistente técnico de Diego Simeone como la razón por la que su plantilla se empareja físicamente a rivales con mayor poderío económico. El técnico argentino y el preparador uruguayo han trabajado juntos desde la década pasada bajo los colores de Racing de Avellaneda.

En el video se le atribuyen ejercicios de pretemporada heterodoxos, como carreras fuera de canchas de fútbol bajo el sol de verano. Es importante señalar que muchos equipos buscan cambiar de aires antes de iniciar una temporada para hacer enfoque en la parte física, casi más jerarquizada que el trabajo en el modelo de juego. De modo que nada tienen de especial estas corridas, que muchos equipos buscan hacer en playas.

Pero quizá la obviedad más grande, descrita con un marcado desconocimiento sobre cómo trabajan los equipos profesionales, fue enfatizar que el trabajo físico estaba pensado para que los jugadores pudiesen adaptarse al ritmo de juego de Simeone. Si bien la responsabilidad a corto plazo para un preparador físico es que sus jugadores tengan fuerzas para jugar toda una temporada, sin molestias en los minutos finales del partido, nada de eso servirá si el preparador no pondera cómo va a jugar su equipo.

Veamos el caso del Atlético de Madrid. Un equipo que sabe maniobrar el balón en momentos precisos, pero pasa la mayor parte del tiempo replegado, sin el balón y con plenas intenciones contraofensivas. De modo que hacer muchos rondos no le va a servir tanto como ejercicios para cuidar la vigilancia defensiva. Además, las transiciones son sacrificios físicos considerables para los futbolistas. Un equipo no puede hacer 30 transiciones ofensivas por partido, de modo que debe saber cuándo hacerlas. Y ejecutarlas con entereza en las piernas. Todo esto es responsabilidad del preparador físico.

Estos asistentes no ven el fútbol como el entrenador; cuando su equipo compite, está observando constantemente qué jugador muestra síntomas de cansancio, si cojean, si el ritmo de juego les beneficia o no. Al final del partido arman una base de datos con el GPS de cada futbolista para cuantificar la intensidad de los recorridos y la velocidad promedio, en orden de trabajar, individualmente, acorde a las demandas del entrenador.

El uso de estos GPS es un aporte invaluable para evaluar el rendimiento físico. No se trata de correr más o menos, sino de hacerlo con propósito y bajo los estándares que el entrenador exige. Es irresponsable ver ex futbolistas minimizando el uso de estos dispositivos. Del renombre que sean, confirman su ignorancia sobre los nuevos avances de un deporte que está condenado a modernizarse por su carácter globalizador.

Ortega, al igual que sus homólogos, es quien dirige los calentamientos  previos al ingreso de los substitutos. En ocasiones puede perderse la charla de entretiempo por trabajar con el remplazo del segundo tiempo. Puede pasar, también, que el preparador tenga asistentes para estas labores.

Incluso el preparador físico es quien más tiempo pasa con la plantilla. Está en todas las charlas y entrenamientos. Puede ocurrir que Simeone se distancie a hablar otros asuntos con directivos mientras Ortega aviva a sus dirigidos a realizar los ejercicios de las prácticas.

Así como la labor del nutricionista, el de los fisioterapeutas, el de los utileros, el aporte de los preparadores no valdría nada sin la cohesión grupal del cuerpo técnico. Si el futbolista se alimenta mal, juega con molestias o no tiene indumentaria adecuada, la influencia de este asistente se limita. Óscar Ortega tiene mérito en su comunión con Simeone, pero no es la clave de ningún éxito sino una de las caras del mismo.