Publicada el 12/01/2019

Las estadísticas distaban de lo que el marcador decía. Con números crudos –y muchas veces inservibles– similares en cuanto a posesión, remates y cantidad de pases, el Estadio Ciudad de Lanús estaba en silencio. Rafael Santos Borré, en medio de una espectacular temporada, emprendería su característica diagonal de adentro hacia afuera, para recibir y enviar por bajo hacia Exequiel Palacios. El exquisito volante recibiría en el corazón del área y la mandaría a las redes. Era una sentencia final al partido: Lanús 1-5 River Plate. El calvario no acababa allí, ya que quedaban más de 20 minutos de partido. Luis Zubeldía no aguantaría más. Segundos después del gol, saldría el más voluntarioso de su equipo. El chico, en medio de la frustración por haber abandonado la cancha y ser partícipe de tan vergonzoso episodio en casa, explotaría en llanto como si hubiese perdido el año escolar que cursaba en simultáneo con sus responsabilidades con la camiseta granate. Así es Pedro De La Vega.

Los predestinados siempre atraen los focos. Es natural. Dejarse encandilar por sus destellos queda a elección del aficionado, analista o quien sea que ha tenido la oportunidad de ver sus partidos con Lanús en la Superliga Argentina. Ser categoría 2001 le da la posibilidad de jugar el Sudamericano de 2019, pero también el del 2021. Así que el tiempo es una variable ponderable para lograr la madurez necesaria generada por la competitividad de una liga de alto voltaje.

De La Vega ha resaltado principalmente al estar en un ritmo superior al promedio. La dinámica de su juego es tan difícil de hallar que solo contados jugadores pueden hacerle frente en ese renglón. Casualmente, en la misma escuela granate se termina de formar el frenético Miguel Almirón, un zurdo con una movilidad un tanto similar a De La Vega, sobre todo teniendo en cuenta sus recorridos por dentro. Además, guarda otra similitud con el paraguayo: la aceleración y la pausa son sus mejores aliados al momento de superar rivales a diferentes alturas del terreno.

¿Un jugador que solo destaque por ser dinámico es un buen jugador? No. ¿Es De La Vega un jugador con mucho más que dinámica? Por supuesto que sí, ergo, es un gran jugador. El dinamismo debe conseguir un sentido dentro de la cancha. Evidentemente es un futbolista que vive de la pelota y sin ella insiste en obtenerla de alguna manera. Su diagonal para perfilarse a disparar al arco es muy difícil de detener. Apenas en su primer torneo se deshizo de innumerables rivales marcando el mismo movimiento. Despojarlo de la misma es bastante complicado.

En conducción con campo abierto tiene cualidades excepcionales. Esa misma capacidad de transportar la pelota lo lleva a ser atraído constantemente a enfrentarse 1 vs. 1 con el defensor de turno. Su gran sprint en corto y conducción en velocidad lo llevan a salir vencedor casi siempre. Entiende muy bien el concepto de finalización de la jugada, por eso siempre cierra con dirección al área para esperar el centro desde el otro costado. "Siempre les digo a los muchachos que el fútbol para nosotros es movimiento, desplazamiento. Que hay que estar siempre corriendo. A cualquier jugador, y en cualquier circunstancia, le encuentro un motivo para estar corriendo. En el fútbol no existe circunstancia alguna para que un jugador esté parado en la cancha", llegó a decir Marcelo Bielsa en algún momento.

Esa misma necesidad de tener la pelota lo lleva a cometer errores puntuales, denotados por ser de características ofensivas. El aprovechamiento del espacio es algo que va a aprender con el tiempo. Al partir la mayoría de las ocasiones por fuera, le cuesta aparecer entre líneas como jugador asociativo. Es un puñal en verticalidad. Adicionalmente, jugar a la espalda del rival para recibir con espacios es algo que debe ensayar, sobre todo al poder hacer tanto daño en la internada al área.

Al ser la conducción en velocidad su mayor virtud y el regate 1 vs. 1 una gran obsesión de la cual saca partido muchísimas veces, De La Vega cae en un error frecuente: La centralización de la conducción. Suele chocar con rivales de mayor talla en ese afán de superarlos. En ocasiones, elige conducir por las zonas más pobladas del terreno. Otro error corregible en la interpretación de espacios libres.

Estamos ante un proyecto de futbolista de mucha manera prima por trabajar. Para el beneficio de su entorno, que nunca desparezca el desparpajo de la juventud a pesar de las enseñanzas que le dé Sudamérica y posteriormente Europa en algunos años.