Publicada el 17/12/2018

Hovannes Marsuian: Ocurre con mucha frecuencia que se crucen conceptos durante las transmisiones deportivas. O en alguna columna. Hay mucha confusión entre diversos términos. Ahora bien, hay uno en específico que lo terminan mezclando con definiciones que al final no vienen al caso. Es el caso de la concepción del sistema de juego. Pero entonces, ¿qué significa realmente?

Ignacio Benedetti: Es básicamente la distribución espacial y te diría que incluso es la distribución espacial inicial que plantea un equipo a través de la cual es su punto de partida, porque esto es un juego dinámico y al ser dinámico todo va cambiando, todo se va moviendo.

Es un punto de referencia. No veo que sea nada más. Pero se exagera en cuanto a su referencia, porque es mucho más sencillo decir que un avión tiene dos alas a establecer el por qué tiene esas dos alas o cómo funcionan esas dos alas.

H.M.: ¿Por qué existe un desconocimiento por los conceptos que se relacionan con el fútbol?

I.B.: El otro día escuchaba a Bielsa en una vieja charla que tuvo hace muchos años en la cual decía que lo lógico era que a partir de ciertos elementos superficiales nos juntemos y opinemos sobre lo que nos gusta. A mí me da la sensación de que hablar de sistemas, es decir, “tal” equipo juega 4-3-3, ya sea escribirlo o pronunciarlo como una sentencia, nos hace pertenecer, que es lo más humano, querer pertenecer. Y pertenecemos, porque a partir de semejantes afirmaciones nos invita.

Ahora bien, ¿por qué hay tal desconocimiento? Porque quizás al ser humano lo que más le duele es la incertidumbre y el fútbol lo es. Si nosotros decimos que un equipo de fútbol juega 4-3-3, estamos obviando el 99,9% de lo que significa un equipo de fútbol, sobre todo de lo que tiene que ver con su actividad, es decir, con el enfrentamiento ante otro colectivo que se llama equipo de fútbol, que es un juego 11 contra 11, que se enfrentan por el control de la pelota con la intención de hacer un gol más o de recibir un gol menos y vencer.

Pasan tantas cosas en esos 90 minutos que lo más sencillo es decir, “bueno, esto es 4-3-3 y si metes un delantero más, vas a ser más ofensivo”. El desconocimiento nace de ahí. Es mucho más sencillo hablar de lo superficial. Esto pasa en el fútbol y pasa en otras áreas de la vida. Pero se desconoce porque no hay intención de estudiarlo. Y el desconocimiento se transmite desde los grandes altavoces y el que está en su casa que nada más quiere ver un partido como forma de entretenimiento, es víctima de ello.

H.M.: ¿Cuál es la importancia de los sistemas? ¿Realmente la tiene? ¿El cuerpo técnico al preparar un partido está atento de cuál es el sistema de juego del rival?

I.B.: Lo que pasa es que esos sistemas o esos esquemas son iniciales. Y tiene que ver con algo que se ha explorado muy poco en el fútbol, porque en el fútbol se habla de posiciones, pero lo lógico es hablar de roles.

Vamos a poner de ejemplo al equipo que quizás más recuerda la gente en estos momentos, que es el Barcelona de Pep Guardiola, que inicialmente salía con un arquero, cuatro defensores, tres volantes y tres atacantes. Ahora bien, si lo vemos desde el punto de vista tradicional, eso es cierto, pero si lo vemos desde un punto de vista mucho más amparado en las ideas de las ciencias de la complejidad y todo lo que tiene que ver con ella, como la teoría general de los sistemas, las dinámicas y todo eso, aquello era falso. Dani Alves, si bien es cierto, tenía un punto de partida inicial, en donde cumplía un rol, el cual era cuando el equipo no disponía de la pelota siempre según donde estaba esa pelota, él tenía que realizar determinadas conductas, pero esas conductas no eran las mismas si el balón estaba cerca de su costado.

Entonces, esa disposición espacial inicial es un punto de referencia. Pocas veces los equipos terminan defendiendo con cuatro o con tres de manera rígida, defienden, o mejor dicho juegan, siempre según lo que el juego te va permitiendo y lo que van intentando construir o lo que el rival les permita.

Recuerdo que Bielsa decía en algún momento dado, que defiende simplemente con un rival más de lo que me plantea el rival y esto era una flexibilidad o una adaptabilidad. Después determinamos si gana o si pierde, si juega mejor o juega peor, pero forma parte de eso y el juego es como la vida, tienes que estar adaptándote permanentemente. Entonces, hablar de estos sistemas de distribución espacial como algo rígido y como algo realmente vinculante, es perderse el juego.

H.M.: En la previa del partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores 2018 entre Boca y River, no se paró de hablar sobre la posición de Nahitan Nández en el campo, si como un volante exterior en un 4-4-2 o de interior en un 4-3-3. Al final los sistemas sí tienen importancia, ¿no? ¿O son los jugadores los que los vuelven importantes?

I.B.: Hay un tema que a veces nos cuesta aceptar, es que estrategia y táctica son dos conceptos muy distintos. Y el tema tiene que ver con lo táctico, porque lo táctico son los futbolistas. Así que, tiene que ver directamente con el episodio en particular, con lo que pueden hacer, con la adaptación, con la readaptación y la reorganización dentro del partido.

Nos olvidamos de que el fútbol es la contante reorganización del colectivo y esto se da como dice el mismo Seirul·lo, porque el fútbol es un deporte que tiene multicausas. Se puede partir de la base de que quieres colocar a un futbolista como lo que generó el falso 9 de Guardiola, es decir, la idea nace de atraer a una pieza más a la zona de mediocampistas, pero no que se incrustara en el seno de los mediocampistas sino un poquito más entre volantes y los defensores rivales. Esto puede generar algo, pero si el equipo rival se reorganiza en función de eso y tiene una respuesta que limita la actuación de ese jugador, entonces estamos ante una estrategia o una táctica que no fue del todo positiva.

Por eso tenemos que pensar mucho en el futbolista y no tanto en las estrategias. Cuando se habla de que tal equipo tiene que jugar 4-3-3, pero, ¿por qué? Veamos qué futbolistas tienen, qué características tienen, cómo se relacionan entre ellos. Porque eso quizás es lo más importante y cómo a partir del accionar del rival se reorganizan. Entonces, para hablar de fútbol primero hay que hablar de futbolistas.

H.M.: Guardiola en Herr Pep le comenta a Martí Perarnau que los esquemas numéricos “solo son números telefónicos”, pero, ¿por qué en el vocabulario que rodea al fútbol en la actualidad se le da tanta importancia?

I.B.: No hay una correlación entre la distribución espacial con la cual nos presenta una alineación con lo que realmente sucede en un partido. Por ejemplo, juega la selección venezolana y te dicen que cuando defienden arman dos líneas de cuatro, pero, ¿eso qué quiere decir? Y cuando defienden, ¿en qué zona del campo? ¿Y por dónde ataca el rival? ¿Y con cuántos ataca el rival? Es decir, hablar de esas numeraciones telefónicas nos permite a todos sentir que estamos hablando de fútbol, cuando lo difícil es hablar de futbolistas.

Entonces, es mucho más sencillo hablar de numeraciones que no se condicen con el juego, que del juego mismo. Además, cuando hablas de numeraciones, no despiertas pasiones, pero si das tú opinión sobre algún futbolista, que es la manera de uno de ver al jugador y que no se convierte en una verdad absoluta, probablemente despierte semejante antipatía.

H.M.: Hace un tiempo, Juan Pablo Varsky termina comentando que no se puede fragmentar el fútbol en ataque y defensa, que es síntesis. Entonces, ¿no hay sistemas defensivos ni sistemas ofensivos, sino que hay un único sistema?

I.B.: No se equivoca, pero hay que profundizar y explicar por qué no hay esquemas defensivos y esquemas ofensivos, porque el esquema no determina la intención y mucho menos el sistema. La intención la determina cómo juegas el partido y esto tiene que ver con los roles o, en muchos casos, con la ubicación geográfica.

Por ejemplo, el caso más particular, era el Inter de Mourinho. Se hablaba de un equipo defensivo, porque terminaba colocando a Eto'o como un carrilero que hacía un ida y vuelta, sumándose a zonas de los defensores y zonas de los volantes. Pero ese equipo te mataba a goles. La idea Mourinho era ser ofensivo a partir de los futbolistas que tenía, los cuales no les permitía, por sus características ser constante y ser profundo en cierto estilo de construcción de juego. Así que, ellos construían juego a partir de eso.

No hay sistemas que sean defensivos ni ofensivos. Hay maneras de jugar al juego, pero no los sistemas. Se puede jugar con cinco en el fondo como era el caso de Brasil en el 2002, que hizo millones de goles, pero, ¿por qué? Porque todo depende de los futbolistas, de los roles e incluso de algunas ubicaciones geográficas. Pero siempre de los futbolistas, porque jugar cinco defensores cuando el lateral derecho es Cafú y el lateral izquierdo es Roberto Carlos y tus centrales son Edmílson, Lucio y el otro era Roque Junior, quien quizás era el menos ofensivo, estás hablando de un equipo que, si bien es cierto en situaciones de no tenencia de la pelota podía agruparse cerca de su propia área, pero te das cuenta que también pueden agruparse cerca del centro del campo y ser totalmente ofensivos. Entonces, el sistema no determina la intención, sino que la intención es cómo juegas o la intención se determina cómo es que quieres jugar.

H.M.: A Thiago Motta, hace poco, por unas declaraciones, se la ha atribuido como revolucionario por comentar que en su puesta en escena coloca un sistema de juego 2-7-2, donde “el portero cuenta como uno de los siete mediocentros”. Sin embargo, ¿no estamos hablando de un dibujo en una escena que observamos en varias ocasiones en diversos equipos cuando los laterales se proyectan a la altura los medios?

I.G.: Me recordó cuando Carlos Alberto Parreira, previo al Mundial del 2006, dijo que el futuro era 4-6-0. Y yo pregunto, si el rival te ataca con cinco porque la jugada le permite, ¿ese cuatro en el fondo es ante ataques posicionales, ante contragolpes o ante transiciones? ¿En qué momento del partido? Me da la sensación que nos estamos concentrando en congelar al juego para sacar del mismo juego jugadas. Y cuando sacas jugadas, siendo yo uno de los que cometió ese error, crees que en el análisis, con alguna captura de imagen, puedes determinar que en ese momento un equipo se movía de esa manera y sí, pero ese momento es hijo de un momento anterior y va a producir otra conducta posterior, entonces, el juego es una continuidad de sucesos, que nos guste o no, es imposible de convertir en islas separadas las cuales vamos analizando una por una.

Al ser hijo de algo y padre de algo a la misma vez, estamos hablando entonces de una actividad que es imposible de analizar de manera aislada o a manera de jugadas. Y nos obliga además a entender que cada partido es un episodio totalmente distinto al anterior, a pesar de tener un hilo que lo hermana con el episodio anterior y lo hermanará con un episodio posterior.

Suena muy trabalenguas, pero es que, por ejemplo, un 3-7-0 o 2-8-0, como lo quiera poner cualquiera que opine, ¿en qué momento ocurre? ¿Y ocurre como consecuencia de algo o causa para qué?

H.M.: Hace un tiempo en Twitter, alguien escribió que el 4-4-2 es un sistema de juego que al no utilizar un “10” no demanda un juego a ras de piso, ¿es cierto?

I.B.: Es una afirmación que me sorprende. El juego tiene momentos para jugarse a ras de piso y momentos para hacer cambios de frente de 30, 40 o 50 metros, de promover una transición a través de un pase largo.

El juego bien jugado no tiene que ver con estas verdades absolutas o estos dogmas de que debes jugar siempre a ras de piso o todo lo contrario, es decir, proveer rápidas transiciones. El juego bien jugado es el que nace a partir del entendimiento de lo que demanda cada acción del juego.

Por ejemplo, para quienes en algún momento dado hemos tenido al Barcelona de Guardiola, a la Hungría de los 50, a la Maquina de River de los 40, la Holanda y el Ajax de Cruyff como paradigmas del juego bien jugado, puedes encontrarte que en ningún momento esos equipos hacen de ese juego a ras de piso un dogma, porque voy al Barcelona, tanto con Cruyff como con Pep, tenían defensores centrales y arqueros, que podían, siempre según lo que exigiera el partido, sacar la pelota en largo, pero, ¿para qué? Primero, dependiendo de alguna emergencia del juego, en alguna situación incómoda, pero también dependiendo de si se puede sacar provecho de ello. En el Barcelona de Cruyff, Koeman te daba unos pases largos de 30 o 40 metros maravillosos y lo mismo pasaba en el Barcelona de Pep, primero con Rafa Márquez y después con Gerard Piqué.

El juego no puede ser tan dogmático, porque el juego tiene que ver con una reorganización y una adaptación constante. Y eso es lo que ha pasado en el fútbol, que quizás alrededor de grandes figuras, como pudo ser Menotti, como pudo ser Bilardo, como pudo ser Guardiola, como pudo ser Cruyff, como pudieron ser muchos tipos que trabajaron en el fútbol para mejorarlo, se anotaron una serie de vividores, que se hicieron pasar por defensores de los “ismos”, del bilardismo, menottismo, cruyffismo, guardiolismo, y lo que han hecho es crear dogmas que no pueden ser tales y que no tienen ningún tipo de espacio en este juego.

H.M.: ¿Se puede ganar un partido de fútbol por el sistema de juego?

I.B.: No, es imposible. Es creer que ganan los sistemas y no los futbolistas. Es creer que porque se ponga tres en el fondo se le pueda ganar al Manchester City. No tiene nada que ver.

Por ejemplo, uno sabe que el rival puede ser fuerte, entonces, ¿uno qué busca? Tratar de obstruir esa fortaleza e interrumpir esas conexiones, o por otro lado, a partir de que el rival es fuerte en esa zona, sacar provecho de los sectores en los que no son fuertes. Pero, ¿cómo uno sabe que ese rival no es bueno en determinadas zonas o si es bueno en otras? Por las relaciones de los futbolistas. Por el factor humano. Y este es un juego jugado por seres humanos.

Los juegos de video, comenzando por la PlayStation, han hecho mucho daño en el conocimiento del fútbol, porque hay gente que se sienta a jugar y cree que ese equipo que tiene, con cuatro en el fondo, con dos en el fondo y con cuatro arriba, ya funciona.

Fíjate un ejemplo histórico, la WM, a partir de que ese sistema aparece, el fútbol británico lo adopta a nivel de selecciones. Y la pregunta es, ¿les sirvió de algo? No. Porque no tiene que ver con sistemas ni con la disposición espacial en el campo, sino que tiene que ver directamente con los futbolistas, con los roles, con el entendimiento de los roles, con la reorganización, con la adaptación y con todas las relaciones que se van dando entre los compañeros de su propio equipo y también en función del rival, en función del campo y en función del contexto.

Cuando tipos como Paco Seirul·lo y Juanma Lillo te hablan de que esto es un deporte de complejidad, que hay que entenderlo como tal, o a partir de la complejidad, no es un capricho ni un argumento para parecer como los viejos sabios de Grecia. Es un juego de oposición directa, en el que influyen tantos factores que no se puede pensar en que el sistema de distribución espacial es relevante, porque no lo es.

Si jugamos 4-3-3 y el rival me ataca con un solo atacante, y además decide hacerlo en transiciones, entonces, ¿nos estamos adaptando correctamente? ¿Nos estamos reorganizando en el campo correctamente según lo que pide el partido mientras dejamos cuatro defensores para enfrentar a uno? Seguramente la respuesta es no. Entonces, se pueden alargar a los laterales, pero ya no se está jugando con cuatro en el fondo. Son momentos muy particulares. Pero, para entenderlo, hay que entender el por qué se dieron esos momentos particulares y qué significan o qué van a traer como consecuencia.