Publicada el 27/01/2018

Las evoluciones en el fútbol vienen en parte por recolectar características de los jugadores en diversas épocas. Por ejemplo, el Barcelona de Josep Guardiola, que revolucionó, en los últimos años, este deporte, robó ideas de distintos equipos antiguos. “En el fútbol no hay libro que te pueda enseñar. Las ideas son del mundo y yo he robado muchas, lo máximo posible. Lo he hecho en España, en Italia, en México, en Qatar. Y si quieren robar de mí, roben” comentó, en el 2013, en Argentina, el técnico español.

Hoy en día, existe un delantero que llega al área y busca finalizar, pero que también crece con el movimiento de adentro hacia afuera (en el carril central o en las bandas) ubicándose entre líneas para liberar un espacio en la posición del “9” o facilitarle una zona libre a compañero colocándolo de frente al arco rival. Además, cumple un rol defensiva al ser el “primer defensa” en el campo al momento de presionar al contrario. Funciones que tienen su origen a lo largo de la historia.

Vicente Muglia: “La revolución futbolística que lanzó Pep Guardiola con el Barcelona hace una década provocó un cambio sustancial en la función específica de cada puesto y el centrodelantero no fue la excepción. Su idea de rescatar del olvido la figura del falso 9 – tan bien representada a lo largo de la historia por Sindelar, Pedernera, Hidegkuti, Di Stéfano, Tostao y Cruyff, entre otros –, con Lionel Messi como destacado intérprete, generó que en todo el mundo comenzara a resurgir ese delantero integral que, a diferencia del 9 clásico, no permanecía estacionado en el área rival a la espera de capitalizar un centro o pase sino que obedecía al concepto de "en el área no se está sino que se llega" que recitaba Pep o el de "para poder entrar, hay que saber salir" que hizo famoso César Luis Menotti.

En el fútbol sudamericano, un exponente de ese 9 antiguo que ha perdido terreno y presencia en los últimos años ante el avance del falso 9 fue Martín Palermo. Goleador histórico de Boca, su hábitat natural era el área y raramente salía para involucrarse en la elaboración del juego. "Con él en la cancha sabíamos que éramos diez para jugar y defender, pero también que éramos 12 en el área contraria", lo definió Juan Román Riquelme. Siempre bien asistido, en los últimos años de su carrera, Palermo perdió el pelo pero no las mañas: ya no se preocupaba por anticipar al defensor al ir a buscar el balón al primer palo sino que amagaba con hacer ese movimiento y automáticamente buscaba el centro pasado. "Mis compañeros ya me conocían y yo sólo debía preocuparme por tratar de definir de la mejor forma", explicaba.

En contrapartida, el 9 moderno ya no se "faja" con los centrales rivales. Suele ser menos físico y más técnico, menos estático y más movedizo, sin un gran cabezazo pero con un mejor pie. Ante espacios que escasean, su valor es clave pero precisa de una conexión colectiva. Su salida del área, ya sea para arrastrar a un marcador o para que la defensa contraria pierda la referencia de marca, debe ser aprovechada por sus compañeros de equipo para que su movimiento tenga éxito. Ahí radica la clave. Saber asociarse y generar los huecos necesarios para lastimar al rival. Un ejemplo de ese estilo que hoy domina en esa posición es Lautaro Martínez, el joven delantero de Racing Club de Avellaneda que es pretendido por varios clubes poderosos de Europa. Lo que llamó la atención de su juego -incluido Jorge Sampaoli que lo tiene en cuenta para el Mundial de Rusia- es su versatilidad para poder moverse en tres cuartos de cancha y asociarse al circuito de juego pese a la potencia y capacidad goleadora que exhibe desde su debut. Definido como "el prototipo del 9 del futuro", Lautaro ya es presente”.

Diego Sancho: “Hay una antítesis entre el delantero moderno y el “9” clásico. La figura del segundo trata de aquel que apenas tenía que correr, avanzar un par de metros, llegar al área, conseguir el espacio donde el balón fue enviado, y ya. Sin responsabilidades defensivas. Ahora el primero tiene funciones a la hora de presionar, a la hora de pivotear, a la hora de usar su juego aéreo para hilar. Es el que juega a un toque en las triangulaciones, más de una vez, porque el pase suele llegarle desde el carril central, pero tiene que escorar el pase, de modo que debe ser ese segundo receptor.

Me gusta mucho ver al Kun Agüero en ese plan, si bien es un delantero bajo y ligero, Guardiola lo ha sabido trabajar muy bien en el Manchester City. Y es un lujo, él y Gabriel Jesús, quienes son dos piezas fundamentales en el último tercio del conjunto inglés. Aunque no son jugadores diferenciales en ese equipo, porque poseen casi una constelación de estrellas. Y nunca un equipo de Pep ha estado falto de talento.

Y para contextualizar el futbolista clásico en esa posición, recuerdo que vendría a Caracas un delantero chileno conocido, Sebastián “Chamagol” González, quien era un “9” que le costaba desbordar, precisamente porque siempre esperaba el pase al pie, que apenas podía hacer una diagonal, que no ayudaba en defensa.

Un tipo de jugador que ya en el contexto actual se están quedando obsoletos. En La Pizarra del DT hemos hablado muchísimo de la caducidad de los “9” clásicos que están acostumbrados a ganar un centro por altura y quizás no tanto por posicionamiento, a esperar balones en periodos largos del partido. Delanteros que la función no la tienen tan clara dentro de un equipo, sino que ellos están esperando su oportunidad y poco más. El moderno tiene más responsabilidades, las practica y ayuda a su equipo”.

Carlos Rojas: “El delantero actual, para mí, se puede caracterizar en Roberto Firmino, quien es un futbolista que se sale de las características convencionales de un punta. A su naturaleza como jugador hay que añadirle que juega en un equipo absolutamente "moderno", con extremos a pierna cambiada, mediapuntas reconvertidos a interiores, interiores reconvertidos a pivotes y hasta laterales.

No debería sorprendernos que un '9' sea tan delicioso técnicamente, aunque los 'target man' no brillen evidentemente por ello. Firmino lo es. Posee un abanico de recursos técnicos excelente. Esta temporada, además, ha añadido dos elementos distintivos que no solo le convierten en un delantero mejor, sino también en un jugador más completo.

Primero, ha aparecido con más frecuencia por el centro del campo. El Liverpool es un equipo híper móvil. Y segundo, su comportamiento dentro del área. Siempre ha sido un buen rematador, pero no un buen finalizador. Esta temporada ha mejorado en el uno contra uno contra el portero, aunque es un registro que todavía puede mejorar bastante. Sus movimientos dentro del área es lo que le han permitido más ocasiones de remate que en otras temporadas.

Es básicamente un “9” moderno porque brilla en muchos de los apartados que los delanteros siempre han dejado de lado. Por eso y porque ha demostrado que un delantero puede adueñarse del juego de creación de un equipo desde la posición más avanzada del equipo.

Falcao es un ejemplo perfecto de delantero clásico por varios motivos. El primero es evidente: y es que brilla a la hora de rematar. Domina una faceta tan difícil de controlar como si su cabeza fuera un guante. Sabe posicionarse, medir los tiempos en los saltos y colocarla en un ángulo imposible. Además, como buen delantero clásico, sabe aprovechar sus (escasos, en su caso) recursos técnicos para generar ocasiones.

Hubo un tiempo en que Falcao encontraba siempre la forma de resolver todo tipo de jugadas: fuera del área, en uno contra uno, por el aire, libre de marca, con dos encima, de espaldas... La diferencia entre Falcao y Firmino, por ejemplo, es que el primero trabaja única y exclusivamente para el gol, mientras que Firmino brilla fabricando situaciones. Firmino es un modista de alta costura; Falcao un ejecutor”.