La mordida del tiburón



Junior2


Por: Fabrizio Cuzzola (@FabriCuzzo22)

La costa colombiana está de fiesta con el Junior de Barranquilla que termina alcanzando la final de la Copa Sudamericana. Con una base de jugadores de la región, el cuadro de Julio Avelino Comesaña consigue, contra el pronóstico de propios y extraños, alcanzar su primera final continental con elementos que le permiten soñar alzar el trofeo en las playas de Barranquilla.

Comesaña termina encontrando estabilidad en el dibujo táctico 4-3-3, donde el arco está bien defendido por ‘Willy’ Chunga y la defensa se mantiene profunda, sin laterales que se proyecten excesivamente en ataque. Comúnmente, Jefferson Gómez acompaña a Pérez entre los centrales y el veterano Marlon Piedrahita se apoya en Gabriel Fuentes o Germán Gutiérrez en las bandas.

Ahora bien, Luis Narváez suele ser el encargado del corte y distribución de juego en el mediocampo, aunque esta segunda función es más propia de James Sánchez y Víctor Cantillo. En ellos también se resaltan los relevos, cuando uno se suma a la ofensiva, el otro ocupa su lugar para evitar descompensaciones en el mediocampo.

A un equipo que ataca y defiende de manera compacta y equilibrada, los atacantes representan la rebeldía y el caos para los zagueros rivales, con dos extremos jóvenes e incisivos como Jarlan Barrera y Luis Díaz, quienes caen de las bandas hacia el centro, en una zona que Teófilo Gutiérrez maneja como centro delantero, encargándose no solo de los goles, sino también de pivotear y asociarse con el compañero mejor ubicado para finalizar las jugadas.

Han trascendido ronda tras ronda en la Copa Sudamericana apoyado en el juego colectivo y sus individualidades. Es un equipo balanceado, complicado de sorprender con la fórmula del contragolpe, ya que sus efectivos están bien plantados en el fondo sin proyectarse en exceso al ataque. Además, Narváez ocupa los espacios libres en el fondo cuando el rival inicia su jugada ofensiva.

Yony González y Sebastián Hernández son las cartas recurrentes del profesor Comesaña como recambios en los extremos y la zona de volantes. Luis Carlos Ruiz cumple una función similar a la de Teófilo Gutiérrez, asociándose en espacios reducidos y sacando ventaja de su buen posicionamiento para marcar. Además, elementos como Enrique Serje otorgan profundidad en las demás líneas.

Junior es un equipo que requiere posesión y espacio en la cancha para poder desarrollar su juego, por lo que un rival que conceda pocas libertades a los volantes o los extremos puede neutralizar el juego ofensivo de los rojiblancos. Además, varios de los goles encajados por el elenco colombiano han llegado por errores defensivos, en los que pese al buen posicionamiento los zagueros no consiguen evitar el desmarque o remate del rival.

En síntesis, Junior debe su éxito en el Torneo Local y la Copa Sudamericana al orden en todas sus líneas. Es un equipo inteligente, donde el juego colectivo y las buenas individualidades se ponen a la orden del día a la hora de realizar sus ataques, que sumado a un buen posicionamiento y correctos relevos defensivos complican a los rivales encontrar mal posicionado al elenco de Julio Avelino Comesaña.

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