Peñarol, el campeón que nunca bajó los brazos



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Por: Marcos Magaz (@MMagaz)

Peñarol se consagró nuevamente campeón del fútbol uruguayo, consiguiendo el bicampeonato en la final del torneo Anual contra su clásico rival Nacional. Fue un triunfo sufrido ya que tuvieron que dar vuelta al resultado (2-1). Unos días antes, el conjunto carbonero también se alzó con el torneo Clausura tras una buena campaña.

El aurinegro contó con un plantel compuesto por jóvenes con muy buena proyección y un grupo de jugadores de gran trayectoria que le aportaron mucha experiencia para afrontar las diferentes situaciones del torneo. El entrenador pudo construir una columna vertebral basada en Kevin Dawson en el arco, la zaga Formiliano-Carlos Rodríguez en el fondo, Guzmán Pereira dando equilibrio en el medio y la figura de Gabriel Fernández en la zona ofensiva.

En líneas generales, el dibujo inicial fue el 4-4-2, con una línea defensiva compacta, un mediocampo constituido por dos carrileros con características más bien ofensivas y dos volantes centrales de mucha recuperación, a ellos se les sumaba una dupla de atacantes sustentada principalmente por dos centro delanteros potentes y goleadores como Lucas Viatri y Gabriel Fernández.

Una de sus mayores virtudes fue la versatilidad a la hora de gestionar sus ataques, ajustando sus estrategias a las circunstancias que se les impuso de manera tal que sus mecanismos ofensivos fueron variando. Habitualmente recurrieron al juego directo, saltándose líneas y buscando la referencia de sus arietes, capaces de pivotear y distribuir el balón para las segundas jugadas.

En ese sentido, una de las acciones más comunes era la salida larga desde el fondo apostando a un primer receptor en el medio y posteriormente habilitando a alguno de los puntas para que desequilibre con potencia. Para ello, era muy importante el primer envío del arquero, que con precisión y buena pegada lograba direccionar el balón hacia alguno de sus compañeros en el mediocampo. En la zona de finalización, Fernández o Viatri pivoteaban para la segunda jugada o bien se proyectaban por el medio buscando el 1x1 e intentando imponerse desde la fortaleza física, para avanzar hacia el arco rival bien perfilados y sacar sus remates.