Un partido que mueve a un país



Bocariver4


Por: Agustin Zabaleta y Hovannes Marsuian (@)

No quedan dudas de lo que significa esta nueva edición del Superclásico. No solo se enfrentan dos de los equipos más importantes del mundo en un nuevo clásico, sino que también lo hacen a nivel internacional y, para agregarle más épica, en una final de Copa Libertadores. Un hecho único. Para los fanáticos de las dos instituciones están siendo las semanas más largas y nerviosas de sus vidas como hinchas de ambos conjuntos. Entre un partido y otro intentan no pensar en fútbol y desviar la atención a otras cosas. Algunos no abren redes sociales y otros incluso renuncian a mirar fútbol para no pensar justamente en el encuentro. Pareciera que disputar este gran juego se asemeja más a una condena que una satisfacción.

Ahora bien, estamos hablando de una final en un torneo internacional. Algo que se vive de manera diferente en Sudamérica. Se dibuja un paralelismo sobre una final de Champions entre el Barcelona y el Real Madrid, sin embargo, es algo muy distinto, sobre todo a nivel de pasión. Además, hay que aclarar que la importancia que tiene una Copa Libertadores para un equipo sudamericano posee un valor extra, ya que al avanzar etapas, se le empieza a restar importancia a la competición local, algo que no pasa en Europa. "Cambio ganar la Libertadores y no ganar el torneo argentino. Aunque sea ganarla una vez y después ningún torneo local", llegó a comentar, hace unos meses, Juan Román Riquelme.

Si el objetivo es ganar la Libertadores, es común ver a equipos jugar con suplentes o con juveniles en el torneo local y si pierden no hay tanto ruido. Eso llegase a ocurrir con el Barcelona o Madrid y se arma un escándalo. Por ese motivo, la Copa Libertadores es una competición internacional con un tono especial. Y encima, se le suma el picante de que la final de este año es un Boca-River. Algo que genera incertidumbre, porque es un encuentro que puede ocasionar una marca por años.

Y además, estamos ante un Boca-River de algún partido del torneo local, sino que es de Copa Libertadores. En el aire se huele la ilusión, pero también el miedo. El valor de la victoria es fundamental, no importa el cómo ni el por cuánto ni el cuándo ni el dónde, sino conseguirlo.

Quizás la analogía del Boca-River es el Barça-Madrid, aunque, supongamos que es el Atleti-Madrid, por la rivalidad y por el hecho de que ambos se encuentran en la misma ciudad, entonces, ¿cómo hubiese sido recibido Simeone, en contexto Libertadores, después de perder dos finales? Ahí está la diferencia. Estamos ante un partido que no hay vuelta atrás, en donde ganar es una obligación y perder es una especie de quedar humillado y ridiculizado.  

Lo cierto es que por fuera de los hinchas del xeneize y el millonario, hay detrás una sociedad amante del fútbol mirando y esperando expectante la final. En Argentina, o al menos la mayor parte, hacen un lugar en su agenda para dedicarle un tiempo al encuentro. Se organizan reuniones y comidas para poder sobrellevar la previa del partido y agregarle algo más que el mero espectáculo deportivo.

Todo esto lleva a un movimiento social importante, las calles quedan desiertas, los locales cierran y las personas se aglutinan en casas y bares para ver el encuentro. Todo esto lleva también a un cimbronazo económico. Primero, ese aumento de ventas en el día durante las horas del partido. Y además, también van a aumentar los comercios en las inmediaciones del estadio, desde comidas hasta el famoso merchandising, que incluye camisetas, banderas, gorritos, entre tantas otras cosas que se identifican con los clubes. Tampoco hay que olvidar, por supuesto, a la lamentable reventa de entradas, donde el valor de los tickets llega a duplicar o triplicar el original. Una medida que juega con el corazón del fanático, que da hasta lo que no tiene para ver a su equipo, y que es algo que aún la organización, tanto la CONMEBOL como la AFA como los clubes, no le encuentran la vuelta para impedirla.

También hay que tener en cuenta los movimientos políticos que se dan alrededor de este Superclásico. Desde hace cinco años, Argentina no cuenta con fanáticos visitantes debido a los numerosos eventos violentos en las canchas que han terminado con heridos, detenidos e incluso con muertos. Sin embargo, desde hace uno o dos años, esporádicamente, se han visto encuentros, en el torneo local, con ambas hinchadas, para ir tanteando el terreno para una posible vuelta definitiva de los seguidores rivales. Al momento, no hay resultados que convenzan a las autoridades para que retornen.

Ahora bien, el actual mandatario del país argentino y quien sería presidente, entre 1995 y 2008, de Boca Juniors, Mauricio Macri, confesaría, el día que se disputaría el partido de ida de la semifinal entre el conjunto de Gallardo contra Gremio, que no le gustaría una final entre Boca y River. “El que pierde tarda 20 años en recuperarse, es una final en la que se juega mucho, demasiado. Yo creo que sería mejor que uno de los dos que llegue a la final sea brasileño así no tenemos esa final porque nos quedamos de cama todos los hinchas de Boca y de River durante tres semanas", apuntaría el en declaraciones a Radio La Meca Malanzan de La Rioja.

Además, Macri, después de la confirmación de la clasificación a la final por parte de Boca y de River comentaría que sería una buena opción para “demostrar nuestra madurez que como sociedad estamos adquiriendo” tener visitantes en la final. “Lo que vamos a vivir los argentinos en unas semanas es una final histórica. También una oportunidad de demostrar madurez y que estamos cambiando, que se puede jugar en paz. Le pedí a la Ministra de Seguridad que trabaje con la Ciudad para que el público visitante pueda ir”, anunciaría en su cuenta de Twitter.

Y, con este anuncio, todos pusieron el grito en el cielo, a favor y en contra de la medida. Desde el Estado, claramente se apoyó a la propuesta de Macri. Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad de la Nación, vio factible un partido con ambas parcialidades. "Estamos preparados para los Superclásicos", aseveró para algunos medios.

Esta medida fue un tanto contradictoria, debido a que, como se comentó anteriormente, en la Superliga no hay visitantes de manera constante y mucho menos en un torneo internacional. Para citar casos recientes, no fueron fanáticos del equipo contrario en el Racing-River e Independiente-River por Copa Libertadores ni en el Banfield-Defensa y Justicia por Copa Sudamericana. Muchos medios y periodistas se hicieron eco de estas contradictorias declaraciones por parte de Macri, Bullrich y miembros del gobierno.

Nadie consultó a Daniel Angelici y Rodolfo D’Onofrio, presidentes de ambas entidades por estos cambios. Y al enterarse, los dos rechazaron la medida rotundamente. El gobierno debió dar marcha atrás ante la indignación de los clubes y el grueso de los fanáticos del fútbol argentino.

Queda en claro que el país está vuelto loco con este gran espectáculo deportivo, tanto a nivel económico como político. Además, se observa que socialmente es un hecho importante, porque hasta el presidente del país comenta, interviene y opina del partido. Y obviamente se trata de algo inédito en ámbito deportivo. Se está dando algo increíble. Quizás único e irrepetible, pero el futuro es incierto.

Y es algo increíble, porque, como termina comentando Macri antes de que definiese el Boca vs River en la final, todo está girando en torno sobre qué va a pasar con el que pierde. El sufrimiento deportivo es algo que se respira en el aire argentino, es algo que pertenece a su cultura, pero que, sobre todo, con lo vivido en los últimos años con la selección, es un sentimiento que no se puede explicar, ya que, simplemente, no se puede convivir con la derrota, y en un encuentro, en el que se le está tratando como si fuese una final de Mundial, crece más la sensación. La presión es grande. Y manejar la tensión, tanto dentro del campo como fuera, no es fácil.

Es difícil de explicar, porque, por ejemplo, River tiene la oportunidad de borrar el descenso. Hay ilusión con ganar, sí, pero se siente más el miedo a perder, ya que ninguno quiere dejar de tener honor. Y se termina observando en la ida, esas ganas y esa intensidad de algunas, pero, al mismo tiempo, el nerviosismo de otros. Es un partido que no tiene escapatoria, en el que, pase lo que pase, va a terminar siendo una marca que no se va a poder ni tachar ni quitar.

Al final, estamos ante un encuentro que es complicado de entenderlo o analizarlo, sobre todo si no sabemos qué significa para ambos conjuntos y si no llegamos a comprender el contexto. Hay ilusión por ganar y hay miedo a perder. Se disfruta y se sufre. En conclusión, todo lo que gira en torno al encuentro es algo ilógico. Es un espectáculo mundial que merece la pena ver, que va a quedar en la historia y que, del que todos, desde el lugar donde estén, van a querer ser parte.

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