Luis Suárez ante el Madrid



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Por: Javier Parra Peña (@JaviEPP)

El Clásico español fue la prueba de que Luis Suárez, ante la ausencia por lesión de Lionel Messi, es diferente al resto. No sólo su aporte de cara al arco rival,  donde expone con una calidad tremenda su abanico de variables para definir, sino sus movimientos para limpiar la zona, quitar referencias al rival y, como dice Miguel Quintana, para darle sistema a su equipo.

Fue una amenaza constante e indetectable para la defensa merengue. Fue un fantasma que desaparecía para salir de las zonas y que, en sólo segundos, aparecía para intervenir en el juego. Su participación en cada uno de los goles blaugranas, tres de manera directa y dos de manera indirecta, fueron determinantes. Movimiento para liberar el espacio para la llegada de Coutinho para el 1-0, desmarque atacando el espacio para generar la falta del penal en el 2-0, una definición maravillosa de cabeza para el 3-1,  otra para culminar un contragolpe maravilloso que lo dejó mano a mano contra Thibaut Courtois en el 4-1 y otro para liberar el espacio en la  jugada que terminaría con el cabezazo de Arturo Vidal en el quinto y último gol de la noche catalana.

Más allá de marcar la diferencia en el resultado, tuvo intervenciones en la primera mitad que le brindaron la oportunidad al conjunto blaugrana de tener continuidad en el manejo de la pelota, no sólo mezclando alturas dentro del campo rival sino alternando zonas, recostándose a las bandas para lograr superioridades numéricas o buscando liberar espacios para que sus compañeros aparecieran en un segundo plano.  Ni Sergio Ramos ni Raphael Varane,  ni muchos menos Casemiro en la segunda parte, lograron tomarlo y neutralizar su contribución en el juego,  fueron simples espectadores de las maravillas realizadas por la estrella que iluminó el Camp Nou.

En posicional, gestionaría buena parte de los ataques de su equipo con cada movimiento en la búsqueda de generar sistema que, en Cataluña, parecía ser complicado ante la ausencia de Lionel Messi. Hasta el punto de lograr ser determinante en el peor momento del partido para su equipo siendo el líder de cada uno de los contragolpes o transiciones que intentaban zafarse del dominio del Real Madrid. Fue un líder desde el discurso, no verbal sino futbolístico, y desde cada ejecución mínima. Desde el pase corto para que sus compañeros recibieran con ventajas hasta la definición en el tercer gol que terminaría de tumbar al equipo de Julen Lopetegui.