Publicada el 25/10/2018

Se puede afirmar que, desde la Copa del Mundo Rusia 2018, la pelota parada ha tomado una relevancia mayor a lo que la tenía antes o, mejor dicho, está siendo mucho más valorada que tiempos anteriores. Se ha convertido en un arma crucial para destapar partidos cerrados y un recurso valioso para esos equipos que generan muy poco desde el control de la pelota, los contragolpes o las transiciones rápidas. Y hoy, en Rio de Janeiro, más específicamente, en el Estadio Nilton Santos, se termina apreciando una nueva prueba de ello.

El empate entre Fluminense y Nacional de Montevideo se pudiese explicar desde la importancia y el mérito que le dieron ambos a las jugadas tácticas fijas para conseguir dividendos positivos, en un partido complicado y con muy poco juego generado desde las propuestas de uno y de otro. Un equipo brasileño apático con poca fluidez en la circulación de la pelota que dependió ampliamente de lo que hicieron por los costados Everaldo y Danielsinho o de las rupturas internas constantes de Jadson apoyando a Junior Sornoza como organizador. Por el lado del conjunto uruguayo, que dominó en su mayoría el partido, no fue mucho más que las intervenciones de Matías Zunino y una que otra jugada de Matías Bergessio, pero con muy buenas actuaciones de Fucile y Rolin en la zona defensiva.

Ambos equipos replegaron e intentaron neutralizar, antes que construir por un tramo largo del partido. El miedo a perder fue mayor a las ganas de sacar la victoria. Pero, cuando Nacional entendió que tuvo la capacidad para hacerle daño a un flojo Fluminense, sacó la garra y comenzó arrinconar a su rival que, después del gol de Gum, en un jugada polémica, que tuvo que llegar a la intervención del videoarbirtaje, fue esclavo de la propuesta de su rival y dejó el contragolpe como única vía para intentar aumentar el marcador.

El gol final de Matías Zunino, uno de los mejores jugadores del encuentro disputado en el Estadio Nilton Santos, fue la recompensa para un equipo que mereció mucho más que la derrota. Dicha anotación, parecida a la que marcó Michel (Gremio de Porto Alegre) a River Plate en la ida de las semifinales de la Copa Conmebol Libertadores 2018, con un ataque furioso al primer palo de quien terminó empujando la pelota dentro de los tres palos, fue un bálsamo de agua fría para El Bolso, que nunca desistió de cara al arco rival. En ese momento, el juego se disputó muy lejos de Conde, con algunos coletazos de ataque del Flu, con la velocidad de sus jugadores por fuera. 

Nacional, con el resultado a favor desde el pitazo inicial, va a tener que mostrar una cara más cercana a ese último tramo de dominio, donde arrinconó a un Fluminense que, si quiere clasificar, debe apostar por un juego diferente, uno donde pueda generar más oportunidades de peligro. En la ida, fue la pelota parada que marcó la diferencia en suelo brasileño.