Publicada el 17/10/2018

El estadio Olímpico de Montjuic queda en una montaña. A unos 40 minutos de la Sagrada Familia en Barcelona, yendo en transporte público. En su momento albergó los partidos de local del Espanyol y también la famosa llamarada bajo el lanzamiento de una flecha en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Pero esta vez no fueron ni las noches de gloria de los periquitos, ni la recordada escena del arquero para prender la antorcha lo que hizo encender nuevamente las luces del semi-olvidado recinto futbolísticamente hablando.

Emiratos Árabes Unidos y Venezuela jugaron un partido a puertas cerradas en una ciudad donde se estima que pudiese haber más de 12.000 venezolanos. Indiferentemente de la cantidad, se gestó de esta manera ya que el club asiático costeó todos los gastos y al igual que en su partido contra Honduras días antes, decidió que sería sin acceso al público. Únicamente pases de cortesía y prensa.

Venezuela ganó. 0-2. Y es que hay que recordarlo ya que no hubo transmisión televisiva, siendo que tan solo horas antes era reconfirmada su presencia. Además, el hermetismo de los árabes radicaba en temas –quizás– hasta absurdos para quien no entiende su realidad. (El redactor de este artículo no sabe explicarla).

La situación es que se imposibilitaba por parte de las autoridades la presencia de cualquier dispositivo que estuviese emitiendo señal de video en vivo. A periodistas les fue prohibido sus “lives” en Instagram. Un aficionado, entre quienes ingresaron con pases de cortesía, logró transmitir casi la totalidad del compromiso sin que los efectivos de seguridad se percataran de su presencia. Indiferentemente de ello, la calidad de la imagen y el formato imposibilitaban cualquier tipo de análisis.

El trasfondo podría suponerse peor al conocerse el tiempo sin amistosos de Venezuela, tras ser goleado en Vitoria y, que tras su primera buena actuación en cierto tiempo, no pudiese ser vista por los ojos de su hinchada.

Venezuela gustó, ante un rival que tenía destellos de a ratos, pero que realmente pareció no estar a la altura del nivel de exigencia. Así como quizás si se pudo ver a la vinotinto contra el País Vasco, hoy los papeles se invirtieron y los criollos hicieron de euskeras. Buen manejo de balón, presión, presión tras pérdida, automatismos, cambios de orientación… Y demás. Una Venezuela que realmente jugó un partido de gran nivel individual y colectivo; que, lastimosamente, se tuvo que limitar a ser vista a través de la pantalla de un teléfono celular.

Pero fue un problema más difícil de solventar de lo que parecía. Recién la prensa logró ser informada de la acreditación y el proceso para retirarla cerca de la medianoche española del día anterior. Y no por negligencia de la jefatura de prensa, sino por el hermetismo de Emiratos. Además, el tema de los pases de cortesía fueron entregándose, en su mayoría, el mismo día del partido. Personas alrededor del estadio preguntaban por el acceso al compromiso. Desde italianos, hasta alemanes; turistas, obvio. Pero que en este momento no se podría hacer posible su solicitud.

Además, luego del cierre de transmisiones y lives, la seguridad extendió su molestia a cualquier dispositivo que estuviese grabando algo en el estadio. Llámese cámara fotográfica en modo de grabación. Es decir, videos no en vivo que pudiesen ser utilizados posteriormente.

Con un inglés no demasiado profundo, uno de los representantes árabes repetía reiteradamente “ey ey, only shots” (solo tiros, haciendo referencia a solo fotos). Y así, parecía llegar a ser erradicada la libertad de prensa, pero faltaba el último shot.

Luego del final del partido, el jugador destacado de Emirados, un tal Omar Abdulrahman, volante 10 del equipo, se le buscó entrevistar, pero no fue posible porque, para “sorpresa”, no tienen permitido conversar con la prensa, en palabras del mismo jugador.

Sí. Venezuela jugó bien, pero realmente, más allá del rival, Venezuela, la real, la que está alejada de los 11 jugadores en cancha y los 100 que pudieron entrar al Montjuic, no se enteró de las razones de este superficial análisis del juego vinotinto.