Las claves de un desastroso inicio



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Por: Carlos Steven Jurado (@CarlosSteven07)

Romper marcas históricas en el fútbol generalmente es un objetivo para muchos de los involucrados en este deporte. Sin embargo, cuando esas marcas son negativas, la ambición por lograr establecer un nuevo hito desaparece y es que a nadie le gusta ser recordado por hacer las cosas mal.

Atlas FC ingresó en la historia de la Liga MX como uno de los equipos que más minutos tardó en anotar gol en la historia de los torneos cortos (631), tras su nefasto arranque en el Torneo Apertura 2018 del fútbol mexicano. Ese mal inicio le costó la continuidad en el banquillo a Gerardo Espinoza, que asumió el banquillo tras la salida de Rubén Omar Romano.

Con Espinoza, los rojinegros retomaron su identidad y empezaron a ver acción jugadores surgidos de su cantera, conocidos por el entrenador de su pasantía en la Sub-20. De cara a la nueva temporada, llamó la atención, en primer lugar, la incursión dirigencial de Rafa Márquez como director deportivo del club y la llegada de jugadores como Ricky Álvarez y Nico Pareja, este último con el torneo ya iniciado.

En la vida y en el fútbol toda acción tiene una reacción y en La Pizarra del DT analizamos las acciones deportivas que terminaron desencadenando el oscuro inicio de los zorros, repasando algunas fallas claves en su funcionamiento.

Orden Táctico:

Cuando no se poseen grandes figuras que te permitan competir de tú a tú con las potencias de la liga, la capacidad para organizarse tácticamente se torna vital, siendo este un factor bastante crítico en su accionar, ya que usualmente se podía observar como su doble línea de cuatro terminaba desordenándose, haciendo difuso el esquema sobre todo para los defensores que se complicaban ante la invasión de su espacio por parte de los mediocampistas defensivos cuando tenían posesión del balón, lo que complicaba a su vez la salida limpia del equipo.

Esta falta de organización táctica se traducía en espacios, sobre todo a espaldas de sus laterales, factor que del cual sus rivales sacaron provecho para causar daño a una desprotegida valla rojinegra que era vulnerable casi a cualquier ataque rival realizado con determinación.  

Pasividad en el marcaje:

Aunado a la dificultad para mantener una organización dentro del campo, se sumaba la pasividad de parte de cada uno de sus elementos, permitiendo muchas concesiones en los linderos del área, además de perder frecuentemente la segunda pelota en cada duelo, lo que frecuentemente inclinó la balanza de manera considerable hacia el rival.

Este ítem pareció ser entendido por el equipo, sin embargo cuando pretendían contrarrestarlo iban al extremo, rozando el juego peligroso, que regularmente se materializó en faltas peligrosas cerca de la portería, donde lejos de verse beneficiados para cortar ataques se veían perjudicados, lo que generó una sobrecarga en la tarea defensiva de sus hombres que con el pasar de los minutos reducían su rendimiento físico.

Poca claridad con el balón:

Tener el balón parecía ser un problema para Atlas en el arranque del campeonato, ante la presión alta muchos de sus elementos erraron y entregaron el útil en zonas comprometidas, dificultando la comunicación entre cada una de sus líneas, lo que se tradujo en inseguridad sobre el rectángulo de juego que les impidió aprovechar transiciones importantes en las que pudo sacar mejor y mayor provecho pero por la poca claridad de su zona creativa recortó la capacidad para hacer daño del frente de ataque.

Esta poca claridad con el balón también trajo consigo una insistencia para retrasar el juego de manera frecuente, siendo habitual ver pases desde el mediocampo hacia la zona defensiva, lo que facilitaba la tarea para el rival que marcando en zona lograba generar errores a los que pocas veces mostró recursos para responder el equipo de Gerardo Espinoza.

El torneo ha llegado a su ecuador y el panorama no es alentador en cuanto a números para un equipo que solo suma un punto tras nueve jornadas, pero que se abraza a la llegada del entrenador argentino Ángel Guillermo Hoyos como la posible solución a muchos de sus errores que tienden a ser conceptuales. Y es que el mal arranque de Atlas no tiene un responsable directo si no que es más bien fruto de un mal funcionamiento colectivo.

Su nuevo entrenador proviene del fútbol chileno, donde dirigió a la U de Chile y destacó por el buen juego y mantener un orden establecido sobre todo en el sector medio del campo, lo que ilusiona a toda la afición atlista en lo que podría ser una pronta respuesta al desesperante presente deportivo del club.

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